Jirones de Azul

Hay momentos en que la felicidad y la infelicidad se confunden

en la piel y en el estómago.

Te sientes como si un inmenso mar te llenara por dentro.

A oleadas te moja la felicidad

y a oleadas te moja la tristeza.

En esos momentos, caminamos de puntillas por una cuerda azul.

Sin red de protección,

con la sensación de precipitarte al vacío,

con el miedo de caer.

Y te sientes ridículo e imbécil.

El animal asustado que duerme dentro de nosotros,

se levanta y pasea entre tus sienes.

Entonces haces frases transcendentales

sobre el amor,

el egoísmo,

el odio,

la verdad…

Quieres ser otra persona,

¡Cualquiera!

Y salir corriendo.

El miedo lo corroe todo,

lo útil,

lo perecedero.

Y el sonido del abandono se pierde en tus oídos.

Los límites y las fronteras se van cerrando a tu paso.

Pero quieres engañarte…

y te vas repitiendo como una letanía,

que “es mentira”,

que “todo es por tu bien”

“por tu bienestar”

Pero alguien pregunta

¿Dónde está el bienestar de cada uno?

Y descubres que tu bien empieza

donde acaba el mal del otro.

Levantas los ojos y buscas un rayo de sol,

un pequeño rayo de sol.

Pero alguien te deslumbra con su calor

que te arrebata dos horas más tarde.

El hambre te nubla los sentidos.

Se te prohibe reír,

trabajar,

sentir,

llorar,

gozar,

comer,

vivir…

Se te obliga a reír,

a trabajar,

a sentir,

a llorar,

a gozar,

a comer,

a vivir…

Uno levanta la mirada buscando

algo más lejano que su propia linde.

Pero no encontramos nada más que polvo y  arena

dentro de los límites permitidos.

Sin embargo, de repente se hace la luz

y empiezas a distinguir los colores de la felicidad.

El cuerpo vibra dentro de tus propias vibraciones.

Y uno comienza a despojarse de todas las máscaras,

de todos los disfraces,

Y se va encontrando consigo,

con sus defectos y sus perfecciones.

Te vas acostumbrando, poco a poco

a la luz que brilla.

Abrimos lentamente los ojos,

con pereza,

para que vayan desfilando ante nosotros

los mejores segundos.

Cambiamos el ritmo de nuestros pasos.

Y hasta parece más ancha la vereda

que conduce a nuestro cometido.

La boca se nos llena de palabras azules,

y hacemos discursos

que tienen sabor a canela y miel.

Las oleadas de felicidad van mojando nuestro cuerpo.

Primero los pies,

las rodillas,

el vientre,

las manos,

el pecho,

el rostro…

Todo se nos va empapando

de una sensación de elevación por el aire.

Por que todo se va haciendo a nuestra imagen y semejanza.

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4 thoughts on “Jirones de Azul

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