Traicionando a los héroes (J. Félix Machuca)

Abc, 4 sep 2010

¿Recuerdan ustedes a Ortega Lara? ¿Guardan aún en su memoria su rostro espectral cuando fue liberado del zulo etarra por la Guardia Civil? Imborrable aquella cara asustada donde el miedo dibujaba todas sus facciones, la voz extinta, la mirada perdida, abrumado por la propia vulnerabilidad que acababa de descubrir tras su cruel secuestro. Bueno, pues dos guardias civiles que lograron rescatarlo, dos héroes de esa lucha desigual contra el terror independentista vasco, han sido expedientados por la dirección general del cuerpo. Han osado denunciar las condiciones laborales en las que trabajan.

No son dos guardias civiles cualquiera. Son auténticos veteranos en la lucha contra los malos, soldados que vivieron en directo los años de plomo del terrorismo etarra, gente bragada en un clímax de alerta permanente. Para usted es parte de la rutina salir de casa, cerrar la puerta y montarse en el coche para dirigirse al trabajo. Para ellos, la rutina, era entonces la detonación inesperada, el olor a la carne quemada de los bimbazos y soportar la desafección de los vascos tribales, siempre tan valientes cuando te tienen de espaldas. Antonio Varela y Javier Sureda son dos soldados de esas legiones comprometidas con España, la Constitución y la Guardia Civil que, por un puñado de malpagados euros, jamás dudaron en defender arriba lo que el resto de los españoles llevan en su corazón. Son muy buenos soldados. Con expedientes intachables y donde el periodista más penco podría encontrar historias para no dormir, tan intensas como una pesadilla con Freddy Krugger.

España tiene una inalcanzable experiencia en traicionar a sus héroes. Llenos están el cielo y la gloria de estas puñaladas traperas. ¿Merece la pena recordarlas? Hacerlo sería soportar, una vez más, la náusea que provocan estas historias de héroes sacrificados en nombre de intereses más o menos bastardos. Gente limpia y por derecho que fueron utilizadas por los brujos del teatro político. No. No es necesario recordar historias tan valerosas como traicionadas. ¿Para qué soportar una arcada tan temprano? Baste con dirigir el foco de la luz pública contra estos dos soldados, auténticos héroes de la España contemporánea que, tras jugarse la vida por unos ideales con una paga que cualquier mentecato de la política municipal triplica por tocarse el escroto, han sido expedientados por denunciar la precariedad laboral del Cuerpo. En esta España donde hablan, incluso, los que la odian y se pacta con ellos presupuestos políticos para desbaratarla con el dinero de los españoles, los héroes que la defienden están condenados al silencio. Parece que nos gobiernan los que traicionan a los héroes…

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