Sevilla no es Shanghai (Manolo Grosso)

Grosso en la presentación de su libro “Sevilla ciudad de leyenda”

Einstein decía que no pensaba nunca en el futuro porque llega muy pronto. No se puede tener más razón, teorías de relatividades aparte, que yo de eso no consumo. Pero después de los datos demoledores del Informe PISA del 2009 donde se constata como nuestros jóvenes, esa materia prima de ese futuro que irrumpe sin llamar, cada vez tienen menos armas para el debate y la investigación, lectura de artículos como el que hoy publica Manuel Grosso en El Mundo te hacen pensar si dentro de dos o tres décadas podremos leer reflexiones tan certeras y tan necesarias. Ojalá que sí, pero para eso tendremos que tomar medidas. Y tomarlas todos, no nos engañemos. De las sabias palabras de Grosso (una tiene la suerte bendita de escucharlas a menudo y en directo) me quedo con una afirmación abrumadora: 

No será la economía la que hunda a este país, sino la cada vez más evidente incultura de sus habitantes.

Sevilla no es Shanghai (Manolo Grosso)

Llevo gran parte de mi vida dedicado a la educación universitaria, combinándola, eso sí, con periodos donde la gestión cultural ha sido el foco principal de mi atención. Cada vez que he vuelto a la Universidad como dedicación exclusiva, me he encontrado que el nivel se ha ido empobreciendo lamentablemente poco a poco. Los sistemas educativos han ido reduciendo el nivel del conocimiento de cada nueva generación estudiantil. Me niego a responsabilizar de ello a los chavales, que año tras año ocupan las aulas, como tampoco creo que seamos los docentes los máximos culpables de esta situación, aunque culpa no nos falta. Hemos pasado de un sistema regido por la memoria a un método que basado en la reflexión no hemos sabido o podido transmitir. Todos, alumnos y profesores, no acabamos de integrarnos en unos planes que exigen una madurez intelectual de la que carecemos. Sin ser pedagogo, creo que el profesorado y las instituciones simplemente no somos capaces de transmitir una metodología que en muchos casos nos es extraña. Dicho de otra manera, no logramos transmitir un sistema racional para descubrir y analizar la realidad que nos rodea, entre otras cosas porque ignoramos el nivel educativo de los españoles de quince años que desgraciadamente viven en otra galaxia, donde la ignorancia campa por sus respetos.

El informe PISA es demoledor, en él se recoge un estado comparativo de los niveles de compresión lectora, de competencia matemática y científica entre los sistemas educativos a nivel mundial y en todos ellos España sale mal parada y Andalucía peor. Sorprende ver como los orientales se han encaramado en los mejores puestos y llama la atención que Shanghai se encuentre en el primer puesto de las distintas modalidades del estudio. De ellos será el futuro y desgraciadamente nosotros continuaremos siendo no competitivos. La diferencia entre un estudiante de Shanghai y uno sevillano es abismal, y eso me preocupa porque nos conduce inexorablemente a una perdida de calidad de vida que nos costara decenios en recuperarla. No será la economía la que hunda a este país, sino la cada vez más evidente incultura de sus habitantes. No somos competitivos y cada vez lo seremos menos. Cada uno de nosotros somos responsables de nuestras pequeñas parcelas, los padres a nivel familiar, el profesorado a nivel de la enseñanza que somos capaces de impartir y desde luego las instituciones que no saben o pueden descubrir el sistema adecuado para transmitir los conocimientos.

Andalucía es un fiel reflejo de lo que digo. Padres que no ven compensados sus esfuerzos para inducir a la necesidad de unos conocimientos y de unos valores que la sociedad estima innecesarios. Profesores que se ven desbordados por un devenir que no somos capaces de asimilar y un sistema educativo que busca unas estadísticas falseadas que lo convierta en rentable. El resultado está a la vista; hemos creado una generación perdida, tanto en lo personal como en lo laboral. Las generaciones actuales se van a enfrentar a un mundo cada vez más hostil con menos armas en su poder y sufrirán las consecuencias en sus propias carnes. Al día de hoy la prioridad numero uno de nuestros gobernantes debería ser la educación y deberían abandonar otras quiméricas metas. Con este nivel educativo hablar de sostenibilidad y de otras zarandajas por el estilo suena a tomadura de pelo. Hoy por hoy, con esta educación, todo es verdaderamente insostenible, en el más literal sentido de la palabra. Nos hemos instalado en un engaño colectivo donde los títulos universitarios se vuelven papel mojado y los intereses económicos de algunos, han convertido a los mal llamados “masteres” en una necesidad que sólo ahonda aun más en el descalabro institucional del ramo. Nuestros hijos no se merecen el panorama que desgraciadamente les hemos legado, una selva de incapacidades e incultura, que acabara con todo atisbo de futuro y que los obligara a sufrir un sin fin de frustraciones de los que en realidad somos nosotros los auténticos responsables.

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