Navidad en blanco y negro (por Juan José Borrero)

Abc 26 de diciembre de 2010

(Gracias Juanjo, con tostada o sin tostada)

Inevitable Navidad. Dickens vuelve a inspirar un escenario gris para estas fechas. Como además llueve en Sevilla más que en Londres, el ambiente ayuda a novelar sobre la mugre, zapatos rotos y la humedad de las almas dormidas.
Las oenegés cuelgan el cartel de temporada alta cuando, a pesar del frío, se ablanda la carne de corazón. Y los medios de comunicación buscamos a pobres de portada, a los menesterosos que nunca son noticia, para invitarlos a un festín de argumentos trufados de sentimentalismo y pinceladas solidarias al centro entre las habituales majaderías que cada día consideramos dignas de difusión. Porque en estas fechas todos nos acomodamos en la butaca del cine de nuestra existencia para la reposición de los entrañables clásicos de Navidad en blanco y negro. Por eso volvemos a colgar la estrella sobre el motocarro de Plácido, llorando en esta ocasión la ausencia de Berlanga, sin haber pagado todavía la última letra de nuestras deudas. Y así iniciamo otro viaje sin retorno al esperpento de esa Nochebuena en la que sentar pobres a la mesa para ver juntos en alta indefinición telemaratones sobre la pobre Navidad que creemos celebrar en nuestra abundancia. Cantemos unidos: ¡Oh, blanca —y negra— Navidad! No hay pudor por tocar mudas campanas de esperanza con mensajes a granel en sms. El amor se vende en tarros de colonia, la alegría se descorcha, la felicidad se alcanza en cómodos plazos, y el mensaje es una lámpara de bajo consumo subvencionada por el Ayuntamiento. ¡Oh, falsa Navidad!
Por eso no extraña que los políticos hagan estos días acopio de fotos en mercadillos solidarios y comedores sociales, que den las llaves de la felicidad de protección oficial o prometan entregar todo el dinero a los barrios desfavorecidos, sin reconocer que no habrá dinero, sin pedir antes disculpas por cómo se ha gastado hasta ahora. No es dinero, es trabajo lo que hay que dar para celebrar algo más que el día de los inocentes en esos barrios de Sevilla que dicen representar los que, como Carlos Vázquez y sus piquetes de IU, confunden solidaridad con apropiación indebida. En esos barrios ya no quedan ángeles de la guarda Y no sólo hacen falta hombres y mujeres de buena voluntad. Es necesario más para avivar el rescoldo de la verdad que conocimos de niños a través de esas películas antiguas que ahora tanto nos cuesta pasar a multicolor para proyectarlas en la pantalla de nuestro compromiso.
De tanto verlas hemos dejado caer otra vez las lágrimas desesperadas de James Stewart sobre el lago helado de nuestras emociones sin hacer nada por remediarlo. No es bello vivir sólo de promesas. Hay muchos Stewart a nuestro alrededor que no conocemos, cuyos proyectos tropiezan con las peores circunstancias, sin apoyo. Tantos fracasan, que el ángel Clarence no tendría nada fácil ganar aquí sus alas, a menos que las pida prestada al A-400M.
Todavía tenemos tiempo para cambiar las cosas. El tiempo de vivir la verdadera Navidad que dura de por vida.
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