Requiem por Boney M. (por Paco Robles

Gracias brother.
Francisco Robles
ABC Día 02/01/2011 – 08.14h
Los ríos de Babilonia lloran a Bobby Farrell mientras las esferas giratorias de las discotecas permanecen apagadas en señal de duelo. Se escribe Bobby Farrell pero se pronuncia el negro de Boney M. El corazón le falló en vísperas de su noche, que no era otra que la Nochevieja que le rinde culto a lo efímero, a la modernidad que está destinada a pasar de moda, a esa estética que se define con la palabra hortera. El año de Boney M fue el mismo en que los españoles nos dotamos de la Constitución que tantas ilusiones levantó. Era 1978 y un muchacho de León se estrenaba ante las urnas como votante con talante. ¿Bailaría el Daddy coola quel José Luis que todavía no se había convertido en ZP? No es complicado imaginarse a Zapatero con dieciocho años bailando al estilo de Bobby Farrell en una discoteca leonesa donde no faltaría la música de Boney M, con un traje psicodélico más ceñido y apretado que los presupuestos generales del Estado…
Bobby Farrell no cantaba en los discos donde su productor ponía la voz que no tenía. Como hace Rubalcaba con ZP. O como ha hecho el mismo ZP cuando en mayo se subió al escenario del Congreso para darle la vuelta a la canción que llevaba seis años interpretando. Aquellas utopías iban a terminar con el hambre en el mundo y con las guerras gracias a la Alianza de Civilizaciones. La conjunción planetaria que anunció Leire Pajín pondría a ZP al nivel de Obama, o viceversa. Todo era un bello cuento de hadas como las canciones de Boney M que parecían ajenas a la carcoma del tiempo. Pero de pronto llegó la regresión al pasado, la conspiración de los mercados malignos —la progresía es maniquea hasta el hartazgo— y el pobre ZP se quedó más tieso que Bobby en San Petersburgo.
Esta regresión se hizo presente durante el refrito de Nochevieja que emitió Televisión Española. La noche de los muertos vivientes y cantantes. El hilo conductor corrió a cargo de Tip y Coll, vestidos para la ocasión como si asistieran a su propio entierro. Actuaron Lola Flores y Juanito Valderrama. La Niña de la Puebla cantó los campanilleros y el Fary hizo lo propio con el torito que lleva botines y no va descalzo. Volvieron Baccara y Los Valldemosa, Los Diablos y Dyango. Resucitaron aquellas viejas glorias en los escenarios de la Transición: Florida Park y el Corral de la Pacheca, donde aún resuena la barroquísima semblanza que cinceló Lauren Postigo de la Faraona: «Lo incongruente y lo insólito, el no y el sí, el sí y el no, el siempre y el nunca, el dónde y el cuándo, lo posible y lo imposible…» ¿Hay mejor definición para este presidente del Gobierno que está tan pasado como ese especial de Nochevieja que nos ha devuelto a la España en blanco y negro que este iluminado nos dejará como herencia?
Digámoslo de una vez: Zapatero es el negro de Rubalcaba como Bobby Farrell era el negro de Boney M. ZP no es el Rasputin al que cantaba este grupo alemán: sí, eran paisanos de Angela Merkel. Nos hicieron creer que en la Moncloa vive el Obama blanco cuando en realidad es un contorsionista de las ideas, un demagogo sin discurso que habla en play back como Bobby Farrell. Uno ha descansado en Doñana y el otro en San Petersburgo. Esa es la única diferencia entre Zeta P y Boney M.
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