Núñez de Herrera y la Macarena de Triana

Revista Diecisiete 2010

Rosa G. Perea

Tengo que reconocer que hace algunos años, cuando llevaba leídas las primeras diez páginas de Semana Santa: Teoría y Realidad de Antonio Núñez de Herrera me sucedieron dos cosas. La primera fue que empezó a sonar en mi cabeza Rezaré del inigualable cofrade canalla Silvio Fernández, concretamente el fragmento en el que cantaba aquello de “Esperanza del amor, Macarena de Triana, eres tú, eres tú…”; y la otra, que tuve que comprobar dos veces la fecha de la primera edición del libro, un lejano 1934, porque no me lo podía creer. Aún faltaban diez años para que el rockero sevillano naciera, sin embargo conforme iba avanzando la lectura, más presente se me hacía este extraño binomio (Núñez de Herrera-Silvio Fernández).

Por pura casualidad me encontraba en Ayamonte, a pocos kilómetros de Villarreal de San Antonio, el pueblo más español de Portugal, donde el exilio llevó al autor y donde descansan sus restos. Y cayó en mis manos gracias a los siempre sabios consejos del maestro Burgos, y sobre todo de la mano de mi buen amigo Francisco Robles, que en una noche gloriosa de papelón de pescao frito, me confesó que el libro le acompañaba en muchas tardes en las que se perdía en caricia humana de la bulla, y mientras se dejaba embriagar por el dolor y la luz de un palio, su mano acariciaba el tacto suave del papel. Años más tarde, la editora Esperanza García, me enseñaba con euforia casi fetichista una primera edición que después de mucho tiempo al fin había encontrado. Y cerrando este círculo místico, esa primera edición estaba dedicada por el autor a un tal Antonio González, que el maestro Burgos nos desveló a ambas que se trataba de un veterano maestro impresor del taller de ABC, entonces aprendiz, al que llegó a conocer. Todo un rosario de casualidades.

Ya sabemos que 1934 fue un año difícil, el primer año que salían algunas, que no todas, hermandades en estación de penitencia, después de un año 1932 de una Estrella única y valiente y un año 1933 en blanco, de silencio blanco. Y aquel 25 de marzo del 1934 Sevilla volvía a vivir los primeros días del Gozo. Una fecha significativa para un libro que no me contaba nada concreto, hacía algo mucho mejor, me teñía la mirada de sepia y me desvelaba a esa Sevilla republicana vestida de ruán y miseria. Una Sevilla que ahora mismo nos parece inconcebible. Pero que a mis ojos, y a través de las páginas de este libro, se me antojaba más verdadera, con más aristas, con más imperfecciones, pero que en definitiva era más mía.

Una Semana Santa intemporal (La Semana Santa no había existido nunca. Es cierto que se celebró otros años. Pero auténtica existencia no tiene hasta este Domingo de Ramos. Las otras Semanas Santas pertenecen a la Historia, es decir, al recuerdo. Y toda memoria se va, desaparece con su caudal de tiempos y acontecimientos, ante el hecho sencillo de salir los nazarenos a la calle. La Semana Santa surge en resurrecciones de milagro, que olvidan referencias y avatares. Por eso la Semana Santa es incapaz de filosofía y de historia[1]).

Una Semana Santa canalla. (Los amigos del rincón ven así un día y otro la Semana Mayor, tan pura que sólo raya más adentro de la retina la pantalla gris del pensamiento. Ven la Semana Santa, como Beethoven sordo oía en los papeles de música el submundo de sus últimas sonatas. Los amigos en el rincón van disolviendo en el vino su mística trascendental[2]).

¿Qué mejor Semana Santa que la imposible, la prohibida, la quemada, la que no tiene recursos, en una Sevilla convulsa y empobrecida? ¿Y quién mejor que un joven republicano, ácrata, inconformista, látigo de vicios, ladrón de sueños e imágenes, como lo definía Emilio Jiménez Díaz en el breve prólogo que lleva la edición del año 1993, para contarlo? Un joven que, como narra en su imprescindible novela Hijos del Mediodía, Eva Díaz Pérez, se travistió de la Virgen Macarena en una cena surrealista de poetas ante las risas de algunos y el disgusto de Rafael Porlán y Alejandro Collantes.

Pero yo me pregunto, ¿soportaría la Sevilla del siglo XXI una narración como ésta? ¿Una descripción tan brutal, tan cercana, casi profana, de nuestra Semana Santa? ¿Qué dirían los periodistas cofrades? ¿Qué diríamos los editores cofrades? ¿Tendríamos hoy el valor de poner en la calle un libro así? Permítanme que lo dude. Al igual que nos pasa con esas fotografías antiguas donde vemos con sorpresa a nazarenos posando con el capirote levantado (como es el caso de la impresionante ampliación, que se puede admirar en el recién inaugurado Museo de la hermandad de la Macarena, de la famosa fotografía de Juan José Serrano del 1920 en la calle Don Fadrique, donde los nazarenos posan con la Cruz de Guía y todos tienen la cara descubierta) ¿Se imaginan ustedes en la Semana Santa del 2010 al grupo que inicia la cofradía con la Cruz de Guía, parándose delante de los periodistas gráficos y descubriéndose para fotografiarse? Por supuesto que no. Nada más que de pensarlo se nos pone el gesto serio, reprobatorio.

Pero la pregunta del millón es ¿qué Semana Santa prefiere usted? ¿o qué Semana Santa prefiere Sevilla? Está claro que la de Núñez de Herrera la preferimos una minoría, ya que este pasado año 2009 se han cumplido los 75 años de la publicación de esta joya y como siempre, Sevilla da la espalda a sus mejores autores. Si Antonio Núñez de Herrera hubiera nacido en Nueva York como Alex Raymond y en el año 1934 hubiera creado un personaje de comics como hizo éste con Flash Gordon, podemos estar seguros de que se hubieran reeditado sus escritos en ediciones especiales, se hubieran impartido conferencias, organizado exposiciones, y en los colegios se hubieran realizado seminarios sobre él, como los norteamericanos han hecho en el caso del dibujante. Pero aquí el silencio, además de una hermandad, es la moneda de curso legal con la que la ciudad paga.

Entristecían a Joaquín Romero Murube las tempranas muertes de muchos de los integrantes del Grupo Mediodía, y efectivamente eso nos ha privado de grandes obras, pero sobre todo nos ha privado de algo que sólo evoco en mi imaginación, pero que podría haber sucedido perfectamente.  Antonio Núñez de Herrera nació con el siglo, y si esa muerte prematura no nos lo hubiera robado de la nómina de periodistas sevillanos, ¿cómo hubieran sido las crónicas de Semana Santa de los años sesenta? ¿Cómo hubiera contado esa transformación que ha sufrido la ciudad, y que ha sufrido nuestra Semana Santa? Nunca podremos saber cuánto nos hemos perdido. Por cierto, qué lástima que hasta el 1937 no se abriera la veda de ese género tan aplaudido y tan apuñalado en nuestra ciudad, como es el pregón. Porque puedo imaginarme, no sin cierto placer sádico, lo confieso, cómo hubieran sido las crónicas de Núñez de Herrera sobre nuestros pregoneros y todo lo que les rodea. ¿Se imaginan ustedes con que guasa de bisturí prodigioso nos hubiera relatado los avatares del codiciado atril? Sólo de pensarlo se le hace a una la mente agua…

Pero todo esto son hipótesis que nunca podremos demostrar, pero de una cosa sí que estoy completamente segura, si el tiempo no nos lo hubiera derribado del caballo en pleno galope y por esas teorías sobre el tiempo y el espacio (que sólo el profesor Rull es capaz de explicarme) hubiéramos hecho coincidir al binomio que al principio les hablaba, no duden ni un solo instante de que dentro de esa Teoría y Realidad hubiera entrado perfectamente Silvio con su Macarena de Triana.


[1] Del capítulo Denegación y ausencia de la Historia.

[2] Del capítulo Estaban los místicos en su rincón.

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7 thoughts on “Núñez de Herrera y la Macarena de Triana

  1. Anónimo

    Estimada Rosa:
    Si pudo ver un ejemplar de la primera edición del libro, recordará que su título original era “Semana Santa: Teoría y realidad”. Al título le dimos la vuelta en la segunda edición, para ajustarla al esquema de diseño de la colección en que fue publicado, de acuerdo con las descendientes del autor, quienes lo autorizaron. El prólogo lo hizo José Luis Ortiz de Lanzagorta, descubridor del escritor y amigo de la familia.
    Saludos,
    Rafael Sanmartín

  2. Alfonso Montaño Alonso

    Hay que tener arte para meter en el mismo artículo a Alex Raymond y su Flash Gordon, Núñez de Herrera, Burgos, Robles, Romero Murube… genios del siglo XX y algunos del XXI. Y escrito por Rosa Gª Perea, genia del XXI, por su juventud. No se puede pedir más.
    Comentario con algo de retraso.
    Tarde llegué al Blog Arena en los zapatos, pero llegué.

  3. Juan V.

    Estimada amiga:
    Me identifico plenamente con la idea que nos ofrece sobre el libro de Núñez Herrera. Es, en efecto, una visión imprescindible de la Semana Santa, que, paradójicamente, parece poco digerible aún para la mayoría en los tiempos modernos que transitamos. Yo llegué al libro de una manera un poco particular, mientras leía otra obra heterodoxa sobre la Semana Santa, la conocida de Isidoro Moreno. Al llegar a los pasajes donde Moreno alude a la obra de Núñez Herrera, caí en la cuenta de que era uno de los libritos usados que había comprado un domingo en un puesto del mercadillo de la Alameda y aún no había leído. Detuve la lectura de Moreno para pasar directamente a “Teoría y Realidad”. Desde entonces lo releo cada Semana Santa, casi con ese carácter de fetiche que también sugiere usted en su texto. Un saludo.

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