Sueños para pregonarlos (Por J. Félix Machuca)

(Gracias, primo)

Hasta que abrió los ojos y se quitó de encima las telarañas del sueño fue lo que sigue. Vió y vivió cómo en la vieja Hispalis, algunos príncipes de la legión Fulminata, vecinos del cerro macareno, fueron citados en la otra orilla del río, la que está pegada al brazo del Betis que va derecho hacia el lago Ligustinus. Eran seis o siete legionarios príncipes. O sea, legionarios que entraban en combate en segundo lugar, tras la brecha de sangres, amputaciones y muerte originada por la primera línea, por los hastati. Eran gente que olían a campamento, llevaban en sus piernas muchas guerras contra judíos y orientales rebeldes y el mejor perfume que despedían era el del cuero de sus ropas. Gente que estaban aquí en Sevilla por algún asunto banal, quizás por un largo permiso tras una dura campaña. Seis o siete legionarios que podrían haber pasado absolutamente desapercibidos sino fuera porque alguien, un notable hispalense, quiso reunirlos para rendirles homenaje. Un homenaje que reconocía el valor y la entrega de los soldados de la legión Fulminata, contra partos y judíos.

Hasta que abrió los ojos y se quitó de encima las telarañas del sueño esto fue lo que vivió. Y vivió una noche inolvidable con aquellos príncipes de la legión Fulminata, en las tabernas del otro lado del Betis, donde se sirve barato el vino duro de los legionarios calentado al fuego y suavizado con miel. Con el hispalense que quería engloriarlos iba una culta mujer a la que le dieron nombre egipcio, Cleopatra, dueña de una casa donde solo los gatos eran cuidados con el mismo amor que las obras de los clásicos. Cleopatra, el bardo y otras dos caras más aparecían en el sueño. Dos rostros femeninos. Muy unidas a Cleopatra. Una con los ojos tan exóticos como las mañanas de Alejandría. La otra con una bondad máxima, deliciosa, pura dicha. Los legionarios macarenos llamaban a las tres las Cleopatras.

Hasta que abrió los ojos y se quitó las telarañas del sueño esto fue lo que vivió. Y vivió la noche más hermosa de su vida. El bardo hispalense, canoso y de porte senatorial, afilado en sus versos y temible en sus escritos en el foro, ciudadano del mundo, quería conocer de cerca y saber por boca de aquellos legionarios cosas de sus vidas y experiencias en el frente. Se documentaba para escribirle una de sus mejores y más sentidas composiciones. Meses después, cuando el invierno se hubiese desmayado por el sol que iluminaba el templo del Carambolo, la leería en una reunión de cabales allá por el cerro Macareno, dejando bien alto el honor, la gloria y el poder de las águilas de Roma cuando posan sus vuelos cerca del templo de la vera del Arco, un poco más allá de la calle Parras. Del bardo no recuerdo el nombre. Pero los legionarios le llamaban Vega, trabaron fuerte amistad con él y, cuando el vino de los guerreros empezó a calentar la amistad, pudieron verlo, con su mijita de desahogo local, cortar con el gladius de uno de ellos una buena ración de morcón como solo se cortan en las tabernas de Camas. A un legionario nunca se le quita la espada. Solo en su derrota o en su deshonra. Quizás como el bardo y los soldados eran paisanos entendieron perfectamente que con aquel hierro no era incompatible cortar gañotes de partos y rodajas de cantimpalo y que ambas faenas tenían su gloria. Vega, las Cleopatras y los siete legionarios de la Fulminata fueron vistos, en sueños, caminar por entre la niebla del río, Tiber meridional con barbos como delfines, implorando a la estrella matutina la inspiración para el pregonero. El sueño terminó con el bardo escribiendo las primeras líneas de su canto a los legionarios,  macarenos de la Fulminata. Nunca, como Varo, sufrieron el insulto de perder ante los bárbaros insignia ninguna. Y Vega, como ese fresco pompeyano donde un joven matrimonio aparece en un perfecto primer plano llevándose uno de ellos un stilus a la boca, ya muerde su pluma para empezar a cantar las glorias de los legionarios macarenos: con párrafos que suenan a tambores y sentimientos que vuelan fino, como las golondrinas que se acercan por San Juan de la Palma, a ver bajo su palio el rostro hermoso de la Virgen de Sevilla…Así fue lo que soñé y así lo espero ver hecho realidad.

Anuncios

Un comentario en “Sueños para pregonarlos (Por J. Félix Machuca)

  1. El bardo ha dejado de ser un “relator” de historias para convertirse en princep y signifer de esta Legión Macarena. Irá armado con el gladius de su verbo y con la rodela de su corazón. Su coraza o lorica es su alma fuerte y brillante y su pilum, empuñado y al hombro, brillará como relámpago en verde Esperanza.
    Olé para J. Félix Machuca y Fuerza y Esperanza para el Bardo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s