La Duda por Javier Caraballo

Javier Caraballo

Gracias, Javier.

No entiendo la duda del Joaquín Leguina. Estuvo el otro día en las Charlas de EL MUNDO y, al hablar de la corrupción, su duda era si de verdad queremos acabar con esa gangrena. «¿De verdad queremos sacar a la política de la corrupción?», fue la pregunta concreta que se hizo. La dejó en el aire, no la contestó abiertamente, quizá porque se trababa de una pregunta retórica; quizá porque su única certeza al hablar de la corrupción es que no hay salida. Que se trata de una lacra endémica de Andalucía, de España. Que somos nosotros, todos nosotros, el origen de la corrupción, que es la permisividad de la sociedad, la picaresca asentada a lo largo de siglos, el prestigio social del enchufe, la aceptación del amiguismo, el nepotismo, el caldo del que nace el virus de la corruptela. Por eso la formulación sibilina de la pregunta: «¿De verdad queremos?». Eso es lo que me sobresaltó, porque de repente nos convirtió a todos nosotros en actores, en protagonistas, de la corrupción. No se preguntó si de verdad los políticos, la clase política, quiere acabar con la corrupción, sino que trasladó esa responsabilidad a la calle, «¿queremos?». Es como esas pelis del otro mundo en las que, al final, el protagonista descubre que también él está muerto, que es un fantasma más. Todos los ciudadanos que se muestran indignados en las encuestas por la corrupción son los que, en realidad, alimentan la corrupción. La corrupción es una consecuencia de la sociedad, no un mal ajeno a la sociedad.

Leguina, ya digo, dejó la pregunta en el aire, y como respuesta desoladora sólo ofreció su impresión de que la corrupción forma una cadena inevitable. En el urbanismo, por ejemplo, si se excluye al concejal que con el poder de un lápiz es capaz de convertir en millonario a un amigo y, en su lugar, se crea una comisión de técnicos, al final se encarece el precio de la corrupción porque habrá de tentar a todos sus componentes, que acabarán cediendo. Y así, hasta el infinito porque se sobreentiende que no existe nadie que resista. «Pero ya no sería el político» el que se corrompe, añadió Leguina. Nadie como los andaluces son capaces de entender esta formulación y de irritarse ante ella porque, cada vez que se habla del PER, o ahora con la trama de las falsas prejubilaciones, la idea que se traslada siempre es que toda esa podredumbre alcanza a toda la sociedad. Que aquí todo el mundo vive de una subvención amañada, de una ayuda falseada, de un apaño.

Pero yo miro a mi alrededor y veo que no es así. Yo miro en la calle y veo a gente que se levanta de madrugada para sacar adelante un sueldo, gente honrada. Profesionales independientes que se desesperan con el sectarismo, con la arbitrariedad, con la persecución política. Jóvenes que buscan un futuro mejor, víctimas de un sistema político lacerado por el estancamiento. Todo eso junto a todo lo demás, que también existe, es verdad; que están ahí, el fracaso escolar, la indolencia, la picaresca… Pero si perdemos la confianza en la sociedad lo perdemos todo, si perdemos la fe en nosotros mismos ya no nos queda nada. «¿Queremos?». Si la pregunta es ésa, ya sabes mi respuesta. No, Leguina, no, aquí no todos somos iguales. Pero es verdad, la respuesta está en la sociedad.

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2 thoughts on “La Duda por Javier Caraballo

  1. Ernesto

    Me encanta Javier Caraballo. Lo escucho en Onda Cero y es un derroche de profesionalidad e inteligencia.
    EL artículo es muy bueno.
    Gracias Rosa por compartirlo en tu blog.

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