La noche que no hubo Dios

Para José Carlos Palma, malagueño de mirada limpia, que supo ver y ponerle nombre a lo que sentíamos los sevillanos.

No lo vi yo, aunque era tan evidente que podía respirarlo. Quizás fuera porque la melancolía hace ciegos y a mí la pena me cerraba los ojos. Pero estaba ahí, y tú supiste verlo. Un malagueño sabio que paseaba su paz una madrugada de Soledades en Sevilla, y que mirándome muy serio a los ojos me preguntó qué me pasaba. Yo no supe contestarte, porque realmente no ponía nombre a esa angustia que me arrebataba el ánimo. Algo que atrapaba el sonido de mis pasos y que me borraba la sombra bajo las pálidas farolas. En tus manos leías con disimulado escozor que allí donde tu Esperanza ilumina con su mirada las calles del Perchel, también había procesionado una penitencia de ausencias que no pudieron subir al Monte Calvario, ni ofrecer sus manos para el Descendimiento.

Las cuatro de la mañana de un Sábado Santo se dibujaban en el reloj al borde del Puente de Triana, ése que no puede, aunque quisiera, cerrar los ojos ante la desolación que te traspasa cuando se pierden las Esperanzas a uno y a otro lado del río. Puente que se llenaba del eco de los pasos perdidos en la noche eterna de una Muerte Bendita.

Momentos antes nos habíamos cruzado con dos macarenos romanos que deambulaban buscando al Reo que escoltan cada año, y que la lluvia había indultado la noche anterior. Saludos y sonrisas con la banda sonora de la tristeza. El cuerpo no te da para más.

El aire tejió penumbras, como la noche que nació del último suspiro de Aquel que viene cada año a morir por nosotros sin más respuesta que la desidia. Volví la cara, vi como la ciudad se moría de soledad y oscuridad. El río era un lamento oleoso bajo los arcos del Puente, y la luz tejía un velo negro sobre Belmonte. No era lo que había, era lo que ya no teníamos. Y yo no lo supe ver.

Pero llegaste tú y sentenciaste lo evidente:

Estábamos atravesando la noche en la que no hubo Dios.

Rosa G. Perea

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10 comentarios en “La noche que no hubo Dios

  1. Dear Rosa, it’s wonderful what you write. How I love to read you. Wish I was in Seville. Pray to the Esperanza Macarena by which we are far from her.

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