Síndrome post-laboral

Viva Sevilla, La Gatera

Lunes 5 de septiembre de 2011

Hay cosas que nunca cambian en septiembre. Ni el anuncio de la vuelta al colegio de los grandes almacenes, ni el bombardeo de los spots televisivos con los fascículos que te entregan la primera pieza para montar tu propio F-18 y que puedas darle una vuelta a los niños sobrevolando Isla Mágica, y cómo no, tampoco la apertura de los telediarios con esos sicólogos de bata blanca hablando con voz grave del temido síndrome post-vacacional. Son pequeños pregones que anuncian que es hora de cambiar el abanico en el bolso por un chal y de ir aireando la casa.

Servidora que es mujer de costumbres (malas, no quiera Dios otra cosa) ha esperado este momento con verdadera curiosidad. En un año en el que la cifra del paro es tan obscena que temes quedarte ciega al leerla, abrir un informativo con un periodista micrófono en mano (por cierto, becario y lo más seguro miserablemente pagado) preguntando en la calle a un pobre incauto cómo se enfrenta al síndrome post-vacacional, como poco es de tarados. Por suerte, ha sido muy leve la referencia a este síndrome de costura ficticia que tanto malo podría decir de un pueblo como el nuestro.

Puede que esta crisis que como Atila no está dejando crecer la hierba en este país, traiga una cosa buena. Que cambiemos nuestro concepto del trabajo.

Abomino la sentencia bíblica que nos hizo sentirnos desgraciados por ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente. No conozco mayor felicidad que morder el mendrugo que por derecho es de uno.

Samuel Goldwyn (sí, ése que hacía rugir a un león debajo del rótulo de la Metro-Goldwyn-Mayer antes de que empezaran las películas de su niñez) decía que nadie que esté entusiasmado con su trabajo puede temer nada de la vida. No puede tener más razón. Si en este país, en el que el trabajo se ha convertido en un objeto de lujo, empezamos a ver el esfuerzo, la competitividad, la productividad, como virtudes para fortalecer el músculo democrático, posiblemente cuando vuelva a caer otra tormenta económica, porque volverá, no nos engañemos, se encontrará con una España más preparada para soportarla.

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