El lanzador de dardos

Publicado en Viva Sevilla, la Gatera, 5 de marzo de 2012

Firmaba los libros de texto de Lengua y Literatura de la editorial Anaya con los que navegué durante el bachillerato allá por los años ochenta y aunque mi profesora repetía su nombre constantemente para darle autoridad a sus reflexiones, no fue hasta años más tarde cuando pude ponerle cara. En el año 1991 apareció en las noticias un rostro socarrón de maño con buen fondo, gran sabiduría y mejor talante, el rostro de don Fernando Lázaro Carreter, al que habían nombrado por mayoría absoluta director de la Real Academia Española. Lo levantaban del sillón R para sentarlo en el de director que ocuparía durante siete prolíficos años. Una gran decisión de la que salimos ganando todos los hispanoparlantes. De su mano aprendimos a amar la Literatura, pero sobre todo aprendimos a amar a un idioma por encima de modismos y retorcidas interpretaciones. No en vano sostenía que elogiar la palabra es como elogiarnos a nosotros mismos, porque la palabra es la materia básica para entender lo humano”.

Siempre detestó la retórica fácil y prescindible que no hace más que empobrecer la comunicación que al fin y al cabo es utilidad del lenguaje. Por eso, para limpiar de telarañas absurdas y partidistas con las que nos están ensuciando la capacidad que tenemos ustedes y yo para entendernos, les recomiendo la lectura de dos joyas deliciosas: El dardo en la palabra (1997) y El nuevo dardo en la palabra (2003). Dos libros que recogen los artículos periodísticos donde Lázaro Carreter, con un excelente sentido del humor, hace una crítica del mal uso del lenguaje. Les aseguro que su lectura es todo un ejercicio de purificación mental.

Era ecléctico y un valiente lanzador de dardos sin complejos y con la puntería de quien tiene manos expertas para amasar historias. Recuerden la deliciosa comedia La ciudad no es para mí, que interpretó otro maño genial, Paco Martínez Soria, donde se leían entre líneas (¡en el año 1962!) las desigualdades entre el mundo rural y el mundo urbano.

Ayer hizo ocho años que se nos fue este académico al que Umbral calificó como el más escritor de los filólogos y el más filólogo de los escritores.

Miro a mi alrededor y pienso que nunca nos hizo usted más falta que ahora, don Fernando.

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