Perro come perro

Artículo publicado en Viva Sevilla, en La Gatera el 18 de junio del 2012

Se lo escuché durante años a mi abuela Gabriela. La mujer que encerraba en menos de un metro cuarenta más sabiduría que toda la biblioteca de Alejandría. Ojalá yo hubiera heredado algo de ese carácter y de la fuerza que demostró hasta el último minuto en los noventa y siete años que quiso vivir. Pero no. Han tenido que verlo mis ojos para comprender muchas de las frases que entre dientes relataba mientras brujuleaba por aquella casona grande en Marchena.

Mi abuela, como muchos, vivió momentos terribles antes, durante y después de la maldita guerra. Vio morir niños de hambre, mujeres solas que llevaban adelante casas llenas de miseria, y hermanos arrancarse la vida de la boca. Pero sobrevivió a todo ello y cuando en las tardes plácidas de costura en patios de pilones con galápagos y macetas verdes mis tías hablaban de chismorreos del pueblo, ella sentenciaba muy serena: “el hambre es capaz de hacer un canalla al mejor de los hombres”. Qué razón tenía.

A esta crisis te puedes enfrentar de dos formas: Una, llorando mientras pasas hambre. Quejándote y sintiendo que eres una víctima de algo de lo que no tienes culpa y contra lo que no puedes luchar. Pero hay otra forma, y es aguantándote el hambre, luchando mucho y caminando sin mirar atrás, sin ira, sin odio, con un único objetivo, salvarte.

Las dos formas son legítimas, pero la segunda traerá añadido algo que nunca dejará de sorprenderme. La envidia. Ese sentimiento que pone una venda en los ojos y salpica de barro las sábanas más limpias.

Pero vamos a ver. El enemigo no es tu vecino, ése que a pesar de haberse quedado sin trabajo y estar en las últimas, sigue saludándote sonriente en el ascensor y buscando chapuzas para poder pagar la hipoteca. No, hijo, no. El enemigo está sentado plácidamente en un despacho esperando a que abra la bolsa para saber cómo va a ir su día justo antes de irse a jugar al golf. No te engañes, del lío en el que nos han metido no vamos a salir mordiéndonos unos a otros. De este lío saldremos ladrando y defendiendo nuestro territorio. Tú que lloras y tú que ríes estáis en la misma barcaza endeble para cruzar esta tormenta.

Anda, convencedme de que no tengo razón y borradme la idea de que perro sí come perro, vamos que lo come. Lo come y se relame.

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2 comentarios en “Perro come perro

  1. Tus verdades como puños no endurece mi corazón, porque si lloro y si ladro, porque están quitando el pan de mis hijos y a mi me llamaran perro judio, pero a mis hijos ni los tocan, y haré lo que haga falta para que eso no ocurra, que?, lo que sea, morder?, pues morderé a quien se ponga por delante, me alivia el saber que no estoy sola y que no soy la única que padece este desaguisado, somos muchos… que penita de País, llamado España…
    Besos

  2. Cierto. Me dará miedo el momento en el que la palabra “supervivencia” se instale en el lenguaje cotidiano. Entonces nadie conocerá a nadie. Solo nos conoceremos a nosotros mismos.

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