Sin sombrero de copa

Publicado en Viva Sevilla el 2 de Julio de 2012

Me lo preguntaba el bueno de Francisco Santiago, director de la revista cofrade Artesacro, en una conversación sobre la situación económica por la que pasamos, “bueno, ¿y a las pequeñas empresas quién os protege?”. Todo hay que decirlo, no es Santiago (Paco para los que tenemos la suerte de contarnos entre sus amigos) sospechoso de nada, pues se acerca peligrosamente, como servidora, cada vez más a la línea de la disidencia social. Pero es que esa pregunta también nos la hacemos cada día los pequeños empresarios que, como en el caso de la que firma esto, han cometido el gran pecado de creer en un sueño y llevarlo a cabo con sus exiguos ahorros. Verán ustedes. Si una gran empresa, pongamos de unos mil empleados, tiene un tropiezo económico y decide que tiene que despedir a unos trescientos, levanta la mano y dice: Oiga, que o echo a estas criaturas a la calle o cierro y al final nos vamos todos. Y papá estado, abre el monedero, el de usted y el mío, y dice ¿aquí qué se debe? que no se cierra nada. Y esos trescientos van a la calle con sus derechos resguardados por los sindicatos y por el estado. Como debe ser.

Pero si la que levanta la mano es una señora que puso una zapatería en Pino Montano, le fue medianamente bien y alquiló un local en el Parque Alcosa y contrató a dos dependientas para atenderlo, y después puso otro en el centro comercial de los Arcos, la cosa cambia. Vamos que si cambia. Si esta buena mujer deja de tener ventas y decide que se queda sólo con la de Pino Montano y tiene que despedir a las cuatro dependientas de los otros locales, les aseguro que tiene que hacerlo con su patrimonio, que en la mayoría de los casos es la casa donde vive. Papá estado se le queda mirando y le dice: “Baja la mano que para ti no hay nada, y no dejes de pagar ni un solo impuesto, ni un solo euro de los despidos o te embargo hasta las pestañas”.

Por eso, cuando hablen de un empresario, hagan una distinción, por favor. No metan en el mismo saco a todos. Hay empresarios con sombreros de copa como el del Monopoly, y después están esos pobres emprendedores que cruzan el desierto de la crisis con la cantimplora vacía. Y esos son los que dan empleo estable, no se engañen. Nada que ver.

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