Países

Publicado en Viva Sevilla, La Gatera lunes 8 de octubre de 2012

Desde hace algunos años, tengo la gran suerte de ser vecina de una mujer encantadora. Justo en la puerta de enfrente. Tiene mi misma edad, está separada y vive con sus hijos. Administra un negocio de importación y trabaja muchísimas horas. Muchas más que yo. Sospecho que muchas más que las que el reloj tiene. Nos cruzamos ocasionalmente en el ascensor y nuestras conversaciones son muy cordiales aunque poco fluidas, porque ni yo hablo chino y su español es bastante básico. Obviamente mi vecina es de nacionalidad china. En estos años hemos aprendido a suplir con sonrisas y con miradas lo que nuestras palabras no saben decir. Y en el corto trayecto que hay desde la planta cuarta al garaje del edificio, nos hemos hecho amigas.

Hace pocos días, al salir al rellano para ir a la editorial mi vecina abrió la puerta de su casa con un paquete en la mano. Después de mucha voluntad por ambas partes me explicó que el paquete era un regalo para mí porque la noche anterior su hijo se había prometido y parte del festejo (según la costumbre en China) es regalar a los vecinos unos dulces para que lo celebren también. Acepté el regalo muy agradecida y les aseguró que los dulces, absolutamente exquisitos, desaparecieron en poco tiempo en la editorial, donde se brindó por la felicidad de la pareja.

Pero ya a solas en mi despacho, reflexionaba sobre todo esto. Unos minutos antes de lo que les acabo de contar, mientras me vestía, la radio me hablaba de independencias poco solidarias. Me sonaba de fondo un eco mediaval, feudalista y ambiguo. Como pequeñas hormigas construyendo barreras para otras hormigas. Y todas ellas ausentes al peligro de la suela de mi zapato. Absurdo, todo muy absurdo. Por otro lado alguien hablaba, en otra emisora, de preservar los valores del concepto “España”, para ponerlo a salvo de cualquier contaminación. ¿Contaminación?

Miro perpleja la caja de dulces de mi vecina, y suspiro pensando que hay pequeños gestos que unen a grandes países, y que los países sólo son los territorios donde viven las personas, que somos lo que realmente importamos. Mientras, otros construyen barreras alrededor de su miseria. Estamos locos.

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