Oraciones

Anoche tuvimos una conversación que empezó en lo cotidiano y terminó en la desnudez del absurdo de este vivir por costumbre. Así es mi forma de rezar. Luego en la almohada leí que no existe la soledad, que todos somos soledad porque todos somos Esperanza. Y no me dolió. Por primera vez lo entendí todo y ya no me dolió. Perdoné mis pecados, y convoqué cabildo con mis risas para perdonar los pecados de los que no me amaron. Y la noche se hizo grande y acogedora.
Ya sólo escuchaba la respiración amable y conciliadora de mi gato. Y en esa felicidad que da la rendición de armas en una guerra que no es la tuya, me dormí.

 

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