Las lentes límpidas, por Fernando Vaz Calderón

Roge, Richard y Carre. Pronto repetiremos esta foto.

Esta carta, no está escrita por el Capitán de los armaos de la Centuria Macarena, está escrita por Fernando Vaz Calderón a su amigo Carre. Y no está escrita con las manos, está escrita con ese corazón limpio, humilde y generoso que sólo tienen los grandes hombres. Y no está escrita desde el dolor, que ha habido mucho, lo sé, lo he vivido y he visto como empañaba sus ojos, está escrita desde la Esperanza, porque no podría ser de otro modo.
Gracias, Fernando, (mi Capitán, mi querido Capitán), por compartirlo conmigo, por dejar que llene este blog de la caricia de tus plumas, por darme tantas lecciones de bondad y de esperanza en los momentos justos, y por estar siempre de guardia en mi corazón desde aquel turno de vela delante de La que siempre trae la luz. No cabe aquí lo que te quiero, ni la alegría que me da leerte y el motivo por el que te leo.
Viva Roma.

A Carre, de su amigo.

Tu mirada clara y vacía de maldad se hace aún más grande cuando asoma a través de esos cristales que siempre llevas colocados como anuncio luminoso y previo al golpe inconfundible de tu voz. Tanto es así, que las pocas veces que te hemos visto sin ellos nos parecías, si no otra persona, sí al menos la misma persona pero con otro rostro.
No es lo mismo verte sin esas dos puertas acristaladas por donde sale toda la fuerza de tu expresión, que con ellas ajustadas esperando nosotros encontrar el reflejo de nuestra sonrisa que se va posando en su luna cuando te tenemos delante, como si nos halláramos frente por frente con el espejo mismo de la felicidad.
Sí, es cierto. Esos vidrios finos y precisos son la entrada reluciente hacia tu alma, todo un camino recorrido por dentro y siempre en línea recta, sin dobleces ni obstáculos, sin malas artes ni recovecos, todo llanura y todo campo florecido hasta desembocar en la nobleza de tu corazón.
Durante años sólo los has estado cambiando por un diminuto artificio inserto en tus pupilas cuando llegaba tu día grande. Y no ha mucho, querido amigo, hemos llegado a pensar que las lentes límpidas y precisas con las que te nos presentabas el resto del año nunca más volverían a ser de tu utilidad. Porque para verla a Ella ya no las ibas a necesitar.
Llegamos a imaginar, incluso, el gesto de tu rostro agrandado cuando te la encontraras cara a cara, la impresión sublime que seguro ha de provocar tener en presencia real a quien tantas veces has visto en Imagen viviente y fidedigna. No podíamos evitar sonreír con timidez imaginando tu boca entreabierta, tus ojos enormes, deslumbrados, imposibles de cerrar, tu pulso nervioso y acelerado por culpa de ese corazón que casi te traiciona, tus brazos extendidos con las manos abiertas deseando llegar hasta la Madre del Cielo para pedirle antes que nada que cuidara de la que hubieras dejado aquí en la Tierra, tu fuerza para siempre inquebrantable desde el momento del encuentro, y la sonrisa absoluta que te hubiera revelado al fin que era verdad todo cuanto hasta entonces te habían enseñado, que ya nunca más sentirías el castigo del dolor, ni el desierto de la tristeza, ni la briega con las penurias, ni las cornadas de la vida porque tras el abrazo inabarcable Ella te hubiera colocado bajo la protección infinita de su manto en donde tantos y tantos ya nos están aguardando…
Pensábamos que estaba muy cerca la hora en la que alguien desconocido empezaría a sacar lentamente tu camilla de la inoportuna estancia en la que descansabas, mientras que, quizás, con ademán indiferente te iría quitando las gafas para juntar sus soportes sin caer en la cuenta de que ese gesto era para muchos de nosotros el cierre del libro de la alegría y de la gracia, la última página escrita de la primavera que ya jamás volvería a ser la misma aunque regresara otra Cuaresma.
Pero has llegado demasiado temprano, amigo nuestro. Ella no estaba cuando llamaste a la puerta. Había salido acudiendo a la llamada de muchos corazones que desde el silencio y la intimidad sincera y nunca revelada -esa que nace cuando se musita una oración y una petición que nadie más ni conoce ni debe conocer-, estaban llamándola para que cancelara tu cita. Y Ella los escuchó y decidió que era más importante que esperarte. Eran muchos, más de los que te imaginas, los que le rogaban que te dejara solo en la entrada esperando a que te abrieran. Menos mal que te ha podido la impaciencia y has decido volver con nosotros. Eso sí, con el gesto enfurruñado porque has debido de llegar cansado, muy cansado, después de tanto caminar. Pero al fin y al cabo otra vez con nosotros.
Y ya estás aquí otra vez. Coge pues tus lentes límpidas y vuelve a ubicarlas en su sitio natural. No las dejes por más tiempo en la mesilla blanca que tan extraña le resulta. Las vas a necesitar para volver a mirar, primero en una foto y Dios quiera que pronto en la Basílica, a quien nunca te ha dejado solo ni a ti ni a los demás.
Estira pronto la mano, amigo, agarra tus gafas y colócalas otra vez en su sitio. Y no te las vuelvas a quitar definitivamente hasta dentro de mucho.

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7 comentarios en “Las lentes límpidas, por Fernando Vaz Calderón

  1. Es buenisimo rosa, lleno de sentimiento y muy bien escrito. imagino que es por el armao que estaba malo no. y lo que has escrito tu tampoco se queda atras

  2. Vaya tela con Fernando Vaz!!!
    No sólo tiene el privilegio de mandar a la mejor guardia del mismísimo Dios de la Resolana, sino que además escribe de maravilla.
    Enhorabuena, mi Capitán.

  3. Ha hablado con el corazón, no con la coraza y eso se nota. Enhorabuena Fernando.
    Rosa que feliz eres entre tus hombres
    te honra esa fidelidad casi marcial
    un beso guapisima a ver si nos vemos pronto

  4. Magnifico articulo a la altura de los grandes periodistas que tienen la habilidad de transmitir un mensaje, emocionando. Esperemos que mas pronto que tarde estemos con Carre ante nuestros titulares, Felicidades por todo.

  5. Mi Capitán que buen sitio ha buscado para escribir tus bellas palabras. Rosa un beso muy grande y a mi Capitán que le voy a decir, ” A TUS ORDENES, COMO SIEMPRE”. VIVA LA RAMA DEL ARCO.

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