Igual usted no lo sabe (por Ignacio Díaz Pérez)

Gracias, Ignacio, por decir en voz alta (tecleando) lo que no debemos olvidar.

Igual usted no lo sabe. Hay una máxima en el periodismo según la cual los periodistas no deben ser nunca los protagonistas de la noticia. Es lo que tiene ser testigos de los hechos. Testigos y no parte implicada. Situados a una distancia lo suficientemente cerca de los hechos para poder mirar a la realidad a los ojos pero sin llegar a ser parte de ella, como si eso fuera posible. Al periodista se le exige imparcialidad. Imparcialidad para poder transmitir a los ciudadanos esa realidad que ha visto con sus propios ojos y que sea el ciudadano quien tome sus propias decisiones. En el fondo, eso viene a ser la democracia, la libertad de poder elegir. Y para disfrutar de esa libertad es necesario el conocimiento.

Igual usted no lo sabe. Pero no se imagina lo difícil que resulta mantener esa imparcialidad cuando ante los ojos del periodista se suceden las mayores injusticias, los dramas más profundos y las tragedias más impactantes, que ustedes se desayunan cada mañana, se almuerzan al mediodía o se meriendan por la tarde entre tuit y tuit, servidos en formatos adaptados a sus gustos y costumbres. Para que ustedes, sin salir de casa, tengan conocimiento de qué ocurre en cualquier parte y a cualquier hora. Para eso estamos.

Igual usted no lo sabe. Es lógico, tiene sus propios problemas. Pero ese reportaje de investigación que destapa las vergüenzas de los poderosos que a usted tanto le indignan y hacen que se plantee si volver a votarlos, votar a otros o dejar de votar, muy probablemente lo habrá escrito alguien que, como la mayoría, tiene padre y madre, esposa e hijos, hermanos y amigos, pero a los que casi no ve porque trabaja los fines de semana y festivos, a los que no besa porque llega a casa cuando están acostados y cuando ellos marchan aún duerme, y a los que no atiende, pese a los achaques de su edad, porque su relación hace años que se limita a una rutinaria llamada telefónica a media mañana, por falta de tiempo para ir a decirles que los quiere tantas veces como fueran necesarias hasta estar seguro de que lo saben, antes de que la parca haga su trabajo.

Igual usted no lo sabe. Pero esos que madrugan o trasnochan y que le despiertan con la última hora de lo que ocurre en el mundo o lo acompañan hasta que se queda dormido sin dejar de darle conversación aunque no los oigan, esos que le cuentan lo mal que va el mundo y se callan lo mal que les va a ellos por no molestar, esos que informan de los recortes a los funcionarios, de la reducción de servicios públicos y de las nuevas condiciones para cobrar el desempleo, en muchos casos no tienen derecho a percibirlo, porque las empresas para las que trabajan los obligan a hacerse autónomos para contratarlos como si fueran empresas que prestan servicios a terceros, aunque sólo escriban para un único patrón a cambio de sueldos que ojalá fueran mileuristas y trabajando jornadas abolidas hace doscientos años.

Igual usted no lo sabe. Pero desde que empezó la crisis han perdido su empleo casi tantos periodistas como trabajadores en la construcción y muchos más que en el sector industrial. Y no lo sabe porque no levantan barricadas con neumáticos ni cortan las calles, pues su protesta es silenciosa. Es una paradoja: La voz de los que no tienen voz no tiene voz. Por esa razón, no existe una alarma social ante este hecho gravísimo, que afecta a la esencia de la democracia. Porque sin periodismo, la democracia no es tal. Porque los periodistas son los verdaderos opositores en esta sociedad de políticos mediocres en la que los que están en la oposición sólo aspiran a que pasen cuatro años para darle la vuelta a la tortilla y cambiar el color de sus sillones en el plenario. Son los vigilantes de los desmanes, los árbitros del juego.

Igual usted no lo sabe. Pero en esta ciudad en los últimos años han cerrado empresas de comunicación y han perdido su empleo cientos de periodistas de todos los medios, da igual la ideología de sus propietarios: Diario 16, Diario de Andalucía, Sevilla Información, ABC, El Correo de Andalucía, Público, La Razón, EL MUNDO, Estadio Deportivo, Localia, CNN+… En estas últimas semanas, Giralda TV ha anunciado su cierre, Diario de Sevilla ha puesto a nueve personas más en la calle y El País ha dejado de sacar su cuadernillo y ha despedido también a una docena de buenos profesionales. En la mayor parte de los casos son gente que lo va a tener muy difícil para encontrar un nuevo empleo. El grueso se encuentra en esa edad maldita entre los 35 y los dichosos 53 años de Cebrián para los que nunca hay trabajo, menos en época de crisis como ésta, y la mayoría lleva toda su vida dedicada al oficio de contar lo que ocurre.

Igual usted no lo sabe. Pero en una redacción, da igual si es de un periódico, de una emisora de radio o una televisión, si es de una productora o de un portal web de los que últimamente proliferan como las setas de otoño tras la tormenta alimentados por el rayo de esperanza que les queda a los periodistas en paro, las relaciones entre las personas no son sólo de compañeros de trabajo. Son muchas horas juntos, es mucha tensión la que se comparte, algunas alegrías, demasiadas penas. Se establecen lazos de amistad, irrompibles, que terminan por hacerles sentir que forman parte de una misma familia, que comparten los pocos ratos de ocio con hijos de otros a cuyos padres han visto casarse y a ellos nacer y crecer…

Igual usted no lo sabe. Pero cada periodista que se queda en paro sigue siendo periodista y tiene nombre y apellidos. Es su firma. Para el lector, es una garantía de la credibilidad del medio. El resto de los periodistas reconocemos en esa firma al amigo, al maestro que te enseña con paciencia, al compañero que te arrastra a tomar una café para confiarte un secreto, al camarada, al colega que comparte su agenda contigo, al padrino de tu hijo, al compadre, al que te alegra el día, al que te enreda, al que te corrige los textos, al que se los corriges tú, al que compite contra ti y te hace mejor, al que te pasa las declaraciones, al que te explica lo que no entiendes, a tu novia, a tu rollo de aquel fin de semana, a tu compañero de viaje, a tu esposo, a tu ex mujer y madre de tus hijos… Se llaman José Luis, Reyes, Javier, Charo, Isabel, Pastora, Carlos, Ramón, Fátima, Estefanía, Juan Luis, Íñigo, Eva, Leonor, Margot, Lourdes, Manolo, Tomás, Paco, María José, Pedro, Santiago, Juan, Marisa, Antonio, Manuel, José, Luis, Genoveva…

Ignacio Díaz Pérez
(Periodista)

@idiazpe

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2 comentarios en “Igual usted no lo sabe (por Ignacio Díaz Pérez)

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