Consuelo

Artículo publicado en el Viva Sevilla el 10 de diciembre de 2012, en La Gatera

Imagen 1Son muchas, quizás demasiadas veces las que he traído aquí la historia de Sandra y Thomas Cerna. Ya saben, los padres de la malograda Laura, que vino desde Estados Unidos a nuestra ciudad, se enamoró de ella y encontró la muerte más cruel. Escribí cuando ocurrió su muerte. Escribí cuando su madre, a miles de kilómetros de aquí, luchaba para que la investigación fuera lo más rigurosa posible. Escribí cuando se puso fecha al juicio (una fecha absurda y metida con calzador entre Semana Santa y Feria). Escribí cuando se dictó sentencia. Escribí cuando mis ojos vieron la imagen del dolor caminando detrás de aquel coche fúnebre para sacar los restos de su hija e incinerarlos. Escribí cuando se hizo el recurso. Un recurso para que añadieran ese año que el juez estimó oportuno quitar al asesino por lo que creyó un “gesto de humanidad” cuando confesó dónde estaba el cuerpo. Un gesto de humanidad donde los demás simplemente vemos un gesto de negociación. De diecinueve a veinte años de condena no hay tanta diferencia pensará usted, pero para unos padres la hay, se lo aseguro.

He escrito tanto, pero he escrito tan poco… Son tantas las lágrimas que he visto en el rostro de esa madre que podría ser la mía, que aunque no hiciera otra cosa en mi vida que escribir reivindicando una justicia más sensata para este país, no alcanzaría a cumplir mis deseos de consuelo para la familia Cerna.

Pero ya acabó todo. Ya no hay más recursos. El estado español ha dado su última palabra. ¿Y ahora qué?

Yo no soy abogada, me mal gano la vida editando libros. Pero tengo corazón, como tiene usted, y ése me dice que no lo hemos hecho bien. Que la familia Cerna merece más justicia. Que la sentencia y los beneficios penitenciarios que seguramente disfrutará el asesino, no son justos.

Laura era una mujer como yo, de mi edad y posiblemente con mis inquietudes. Si yo mañana me marchara a otro país, allí me asesinaran y mis padres lucharan incansablemente por hallar la justicia, me gustaría que aunque no la encontraran, ese país les diera consuelo. Pero no cualquier consuelo. Ya decía Platón que era frío e inútil el consuelo cuando no iba envuelto en algún remedio.

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