Malvaloca

Artículo publicado en el Viva Sevilla, en La Gatera el 21 de enero de 2013

Imagen 3Soy una enamorada del teatro por “culpa” del maestro Julio Martínez Velasco. Allá por los años setenta, en una pequeña urbanización de Valencina, Julio junto a otros amigos inició una semana de teatro. Se fundaron varias compañías, según edades, y todas terminaban representando al final del verano alguna obra. Desde niños, que casi empezaban a hablar, hasta personas de la tercera edad. Aprendimos a declamar a los hermanos Quintero y a Pedro Muñoz Seca como un juego. Sin darnos cuenta de lo privilegiados que éramos. Un fenómeno absolutamente inusual y que propició que muchos de aquellos niños, hoy en día, sean escritores, periodistas, editores u otras profesiones relacionadas con el mundo de las letras.

Todo esto me venía a la cabeza hace unos días en la, francamente mejorable por escasa, exposición sobre García Ramos en el museo de Bellas Artes. Observaba embelesada el maravilloso cuadro de Malvaloca y le comentaba al escritor Miguel Andréu que en la mirada de la mujer de aquel cuadro se encerraba el drama de la Violetta Valery de Verdi o de la Lola de los hermanos Machado. Recordé los versos que años atrás me enseñó mi padre leyendo la obra quinteriana: “Merecía esta serrana, que la fundieran de nuevo como funden las campanas”.

¿Es eso lo que queremos hacer con Sevilla, fundirla de nuevo?

Leía hace meses en un gran artículo de Manolo Grosso la conveniencia de adecuar nuestros tópicos a la actualidad y saber venderlos. Otras ciudades lo hacen liberadas de complejos absurdos. Ningún parisino se avergüenza de los cuadros con la imagen de la Torre Eiffel que se venden en la plaza de Montmartre, se lo puedo asegurar. ¿Por qué nosotros sí?

Vivimos en una ciudad sin tejido industrial y poco a poco casi sin tejido comercial. Sólo nos queda la industria del Turismo. Seamos profesionales y astutos. Valoremos lo que tenemos en esta ciudad y vendámoselo al mundo sin caer en lo cutre ni en lo mediocre, y sobre todo sin renunciar a esa otra bellísima Sevilla plural y alternativa. Las dos pueden convivir perfectamente. Sólo hay un forma de hacerlo. Siendo consciente de que son nuestros prejuicios los que merecen ser fundidos de nuevo como le deseaban a la pobre Malvaloca.

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