El instante

Decía Aristóteles que el instante es la continuidad del tiempo, pues une el tiempo pasado con el tiempo futuro. Si el filósofo estagirita hubiera paseado por la calle Laraña (muchos siglos más tarde), habría entendido perfectamente que el instante del que hablaba estaba atrapado en el entrecejo de la Virgen de la Esperanza. Si nuestros pies hubieran cruzado el umbral de la Iglesia de la Anunciación en el año 1936, hubiéramos encontrado una imagen que podría explicar desde la continuidad del tiempo aristotélico hasta la teoría de los agujeros negros de Stephen Hawking.la foto

En las pupilas de miel de la Virgen de la Esperanza se encontraban las dos grandes angustias de una madre: escuchar la sentencia a muerte de su hijo, y la visión de cómo en el último parpadeo se escapa la vida del niño que parió su cuerpo. Sentencia y Buena Muerte flanqueaban la mirada de una mujer que en sus manos desgrana el más bello concepto de madre que espera. Uno a cada lado como sombras de dolor, del más oscuro de los dolores, como dos graves varales de tristeza. El antes y el después de la luz. La mano levantada que lee sin piedad la más injustas palabras de condena y la mano levantada que cae sobre el madero donde la dulzura convierte a la muerte en una melancólica ensoñación. Dios hace belleza hasta de la propia muerte de su Hijo. No podemos encontrar más amor. Y todo ello arropado entre las cuatro paredes del templo donde comenzó todo. El Niño Dios es anunciado para que así comience la cuenta atrás de su Sentencia, hacia el final de su Buena Muerte, donde será arropado por la Esperanza de la resurrección que es el volver a nacer, que es volver a ser anunciado.

Quiso la locura de los hombres, y recuerden que la locura viste de todos los colores, que un cajón de madera trajera lo que faltaba para completar el círculo de nuestra Fe. La Buena Muerte entregada y aceptada por todos nosotros y la Esperanza de que no estamos solos en ese momento porque volveremos a ser de nuevo Anunciados.

Y ese círculo de amor, ese instante que une el pasado y el futuro, no lo olviden jamás, está atrapado en el entrecejo que enmarcan los ojos que derraman caricias de terciopelo verde, en los ojos de la Virgen de la Esperanza.

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