La otra Sevilla de Manolo Grosso

Publicado en el diario El Mundo, el jueves 7 de marzo de 2013

IMG_0688Cuando la ciudad se encuentra sumergida en pleno éxtasis cuaresmal es importante no olvidarse que existe otra Sevilla, esa ciudad que vive ajena a toda esta parafernalia que se esta volviendo inaguantable. Esa Sevilla que parece que no existió jamas, la Sevilla obrera, que ocupaba los barrios de la Macarena, San Luis y San Julian, la que aguantó hasta el ultimo momento en las barricadas del Pumarejo, la misma que años después se organizó en las pocas empresas que aquí había. Nos hemos olvidado de todos esos sevillanos que hicieron posible que la democracia exista.

El pasado sábado murió uno de ellos, Leopoldo Iglesias, y lo hizo como vivió toda su vida, honradamente y con sus ideales intactos. Envuelto en su bandera republicana y con la roja con la hoz y el martillo. Sin crucifijo, a pesar de las pegas que le pusieron en el cementerio de San Fernando, increíble pero cierto. Su vida fue como la de tantos de su estirpe; cárcel, condena a muerte, persecución ideológica y laboral. Hijos de mineros anarquistas, miembro del Partido Comunista, luchador nato y hombre que no conocía la palabra resentimiento, pero jamas renegó de su memoria.

Fue uno de los que comenzaron con la necesidad de recuperar la Memoria Histórica, pero alejado de la utilización que sufrió este movimiento a posteriori. Le recuerdo contándome los abatatares hasta que consiguió que se pusiera una placa en el cementerio que recordara, en la fosa común, que allí se encontraban algunos de los fusilados de la postguerra, y esto ocurría años después de que la democracia llegara a nuestro país, y muchos alcaldes demócratas después. Quiosquero de Bami donde repartía el Mundo Obrero en el interior de los periódicos que vendía cuando aquello era delito, estuvo siempre en el lado de los desfavorecidos, de los perdedores natos.

Hoy cuando las ideologías están en vías de extinción, personas como Leopoldo parecen sacadas de la pre-historia, y no, no es así. Son personas que han llevado la coherencia hasta sus últimos extremos, que jamás se vendieron y jamas se beneficiaron de su lucha. Ahora andaba preocupado por el ultra liberalismo, la corrupción y con la situación en Cuba. De pura raza de esa otra Sevilla que nunca queremos mencionar pero que es también Sevilla. Mientras algunos visitaban las iglesias para ver los altares de culto, otros le cantaban la Internacional a un camarada que se iba. Son estas dos Sevilla tan dispares las que nos hace grande, lo triste es que hay que recodarlo de vez en cuando.

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