Hambre para hoy

Artículo publicado en el Viva Sevilla, La Gatera 9 de septiembre de 2020

No les digo yo a ustedes que me haya disgustado que Tokio se haya llevado los Juegos Olímpicos. Aunque les confiese que tampoco me quitaba el sueño. Sinceramente, no veo al país con músculo olímpico. Y no hablo de nuestros deportistas, que son ejemplo de tesón con muy poca ayuda. Que aquí sólo ganan dinero del deporte cuatro gatos. Les hablo de nuestros recursos, que por mucho que digan que las instalaciones están hechas, no sé si aguantarían hasta ese lejano 2020. Será que una va haciéndose mayor, pero estas promesas de bienestar a largo plazo no me tranquilizan ni el ánimo ni la cuenta corriente. Escuchando los parabienes que iban a traernos esas olimpiadas dentro de siete años, tengo la sensación de estar instalada en un bucle claustrofóbico del cuento de la buena pipa.
Y eso que como sevillana todo esto me debería importar muy poco. Tan poco como a Madrid le ha importado Sevilla. Tan poco como le ha importado que tengamos un Estadio Olímpico (al que casi se le puede sacar el pañuelo “deportivo”, de lo poquito que lo usamos). Tan poco como le ha importado que tengamos una línea de Ave inmejorable. Tan poco como le ha importado que tengamos un río con todas las posibilidades para las disciplinas correspondientes. Tan poco como le ha importado que tenemos capacidad hotelera, posibilidades turísticas y culturales de alto nivel…
Parece que Sevilla tiene aún que sufrir la estigmatización de aquel lejanísimo 1992, donde por lo visto recibimos todo lo que nos tocaba de aquí a veinte siglos. Y eso que los alcaldes de Sevilla y de Madrid comparten siglas. Pero de poco nos sirve. Será que el talante del sevillano es de no enfadarnos por algo que realmente no nos va a solucionar los problemas. Este humo en forma de anillos olímpicos no le va dar trabajo ni a usted ni a mí. Este humo es una maniobra (voluntaria o involuntaria) de distracción de otros humos, de otros fuegos. De los fuegos que tenemos que apagar inmediatamente, no en el 2020. Que para el 2020, no estaremos calvos pero poco nos faltará si no empezamos a soplar todos en la misma dirección. Hacia la recuperación económica y moral de un país demasiado castigado ya por el desánimo. Así qué déjense de hambre para hoy y pan olímpico para mañana, por favor.

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