Ricardo

Artículo publicado el 21 de octubre de 2013 en el Viva Sevilla, La Gatera

Para Ricardo Acosta, mi “jefe”, mi amigo, un año ya sin ti.

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Foto de Ricardo Acosta

“Perea…” Nadie ha pronunciado mi segundo apellido con tanta guasa ni con tanto cariño como lo hacías tú. Descolgaba el teléfono y allí estaba tu voz, tu maravillosa voz. Ésa que ahuyentaba los fríos como los buenos abrigos. Esa voz que te envolvía como el aroma de los puritos que encendías en el breve café que compartíamos en la tertulia después de los micrófonos. Esas tertulias donde unos pocos nos empeñábamos en arreglar un mundo que estaba más allá de la Sevilla que siempre te tuvo de guardia. Y tu risa como banda sonora de tus consejos. Muchos de los mejores consejos que he recibido en mi vida venían envueltos en el papel de regalo de tu risa, “no, Perea, no, por ahí no, que te despeñas”.
Pero hace un año, una mañana, la muerte apagó el micrófono de tu estudio, y tus amigos nos quedamos huérfanos de ti, del cobijo de tu bondad, de la ayuda de tu luz, del refugio de tus dulces riñas… “¿Otra vez, Perea, otra vez me llegas tarde?”.
Y ¿sabes Ricardo?, sigo llegando tarde. Muy tarde, un año tarde, “jefe”. Un año tarde a la calle San Fernando para verte sentado al lado de la ventana, en aquella mesa llena de periódicos, de notas de prensa, de prisas y de vasos de café. Para ponernos al día en esos preludios siempre hablando de tu familia como el gran norte de tu existencia. “Lo mejor de mi vida, Perea, lo mejor”‘ y tu sonrisa rubricándolo como la verdad más rotunda.
Cada vez que muere alguien que quieres es como si todas las personas que se nos han ido volvieran a morir de nuevo. Es como si la muerte nos obligara a pasar lista de nuestras ausencias. Como sí se nos apagara un poco la luz del pasillo de esto tan absurdo que es a veces vivir.
Decía Benedetti que después de todo, la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida. Y en ti hubo, hay, tantísima vida (la que diste, la que creaste, la que amaste) que permaneces en cada uno de nosotros como testimonio de ello.
Jefe, (qué poco te gustaba que te llamara así, pero permíteme este capricho hoy) deja que te imagine “afotando” tus aviones, ahora más cerca de ellos, y por favor vela por los que nos hemos quedado aquí mirando al cielo preguntándonos por qué.
Siempre de guardia, Acosta, siempre.

Foto de Ricardo Acosta

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2 comentarios en “Ricardo

  1. Qué grande fue Ric y qué bueno es que lo hayamos llegado a conocer. Somos unos privilegiados.
    Pero qué gran vacío ha dejado tan difícil de llenar…

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