Crochet

Artículo publicado el 4 de noviembre de 2013 en Viva Sevilla, La Gatera

Fotografía de Laura León (andaluces.es)
Fotografía de Laura León (andaluces.es)

Pues a mí me encanta, qué quieren que les diga. Me encanta ver la estatua del Cid Campeador forrada por los hilos de Ágata Oleksiak. Me encanta el impacto visual que produce sobre las crestas verdes de los árboles del Parque. Me encanta el contraste sobre la ingenuidad de la trompeteada Fama de la Universidad. Me encanta la vida que de repente ha recobrado la escultura del Cid, que no nos engañemos, para lo único que la hemos usado es como referencia geográfica, y encima citando más a Babieca que al pobre burgalés. Porque usted y yo siempre nos hemos referido en Sevilla a ese espacio como “El Caballo”.
Pues lo dicho, me fascina esa vida colorista que la Oleksiak ha infundido al monumento que una entusiasmada Anna Hyatt Huntington realizó para esta ciudad allá por la Exposición del 29. No me digan que no es épico: dos mujeres rindiendo honores con sus manos a un héroe…
Pero por encima de todo, lo que más me ha gustado (y disculpen la travesura) es la reacción tan airada que han tenido algunos sectores de esta ciudad. Reacción a la que nos estamos acostumbrando cuando se realiza algo diferente. Crítica absurda y gratuita por el hecho en sí de que se resquebrajen un poco los cimientos de un mundo de cartón piedra del que no se quieren mover. Tremofobia cultural que padecen muchos y que sitúan el epicentro del seísmo en una ignorancia alimentada por la soberbia.
Los pies clavados en el suelo para no movernos. Los ojos vendados para no ver nada más que lo que una mente estrecha y capada acepta como conveniente. Monos de Gibraltar dispensadores de sevillanía.
Imagino que se sienten seguros en ese metro cuadrado al que han reducido su ciudad. Bueno, allá ellos. Pero servidora ama profundamente a una ciudad como la que ha querido representar Ágata Oleksiak en el Prado. Una ciudad llena de colores, una ciudad viva, que abraza a la representación más clásica de nuestra historia con una mirada plural y limpia.
Plural, ésa es la clave. Porque verán, acepto que algo no guste, faltaría más. Pero no acepto que no se dé una oportunidad a lo diferente. Ése es el motor del progreso. Eso es lo que nos hace mejores. Si sabemos que cuando retiren los hilos de colores debajo seguirá relinchando Babieca, ¿de qué tenemos miedo?

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