Huevos de oro

Artículo publicado en Viva Sevilla, La Gatera, lunes 17 de febrero de 2014

imageA propósito del fallecimiento de la tirabuzoneada Shirley Temple cayó en mis manos un documental sobre el preocupante fenómeno de los mal llamados “niños prodigios”.  Digo mal llamados porque entiendo como un niño prodigio aquél que hace alguna actividad con la profesionalidad de un adulto o incluso mejor. Niños que van anunciando que serán adultos brillantes. Pero lo que hoy entendemos como niños prodigio se acerca más a un mono de feria que al pobre Mozart.

En este documental se hablaba de varias facetas en las que los niños eran exhibidos por sus padres como pequeños trofeos. Desde niños predicadores hasta niñas disfrazadas de pequeñas prostitutas, desfilando por la pasarela de un concurso de belleza infantil. Imágenes que te hacen reflexionar. Como la pequeña Lisa, de 4 años, que protagonizó uno de los escándalos más sonados en un concurso de belleza estadounidense. Disfrazada como la mítica Olivia Newton John en la escena final de Grease, vestida de negro con una chaqueta de cuero y fumando un cigarro. Pero lo más llamativo de su actuación es que se oye decir a la madre de la niña, antes de subir al escenario, “no te olvides de fumar”. Terrible.

Servidora no tiene televisión en casa, pero sí la ve en casa de amigos y familiares. Y les confieso que me horroriza el uso de los niños en algunos programas de televisión. Veo niños cocineros, niños imitadores o niños multiusos como navajas de Albacete, que lo mismo te cuentan un chiste que entrevistan a un famoso.

Detrás de esos niños hay unos padres. Unos padres a los que no les vendría mal releerse la  primera declaración de los derechos del niño que se articuló en la Declaración de Ginebra el 26 de diciembre de 1924, y que redactó Eglantyne Jebb, la mujer admirable que fundó Save the Children.

Esos derechos no se pensaron sólo para los niños africanos que empuñan un fusil, o para las niñas tailandesas prostituidas. Esos derechos están pensados también para ese niño que hace una gracieta delante de sus padres y deja al descubierto una indefensa gallina de huevos de oro.

Decía Victor Hugo que cuando un niño destroza su juguete, parece que anda buscándole el alma. Me da miedo pensar lo que buscan sus padres al destrozarle el alma a un niño.

 

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One Reply to “Huevos de oro”

  1. Una vez leí -y quería compartirlo contigo- en un precioso disco llamado “Así cantan los niños de Cuba”, en el que un numeroso grupo de “chiquirrines” cantaban con su “voz tierna, deliciosa, casi crudita, atrapada por el Cd como se atrapa un pez…” y que produjo el bueno de Carlos Cano muy poquito tiempo antes de morir, unas palabras que él mismo escribía y que decían, entre otras cosas, algo así como:
    “….Pocos niños hoy, en el mundo, cantan como niños, canciones de niños. La mayoría son manipulados, usados como objetos de consumo por la industria que, demasiadas veces, fomenta la agresividad y el egoísmo.”
    “Sólo los niños del pueblo cantan. Cantan como arbolitos tiernos con la voz luminosa de la tierra que es alegría, y ríen con sus ojos llenos de chispitas y sus boquitas de coco…/… Aprendamos de ellos a reír, a bailar y a cantar de nuevo. Despertemos al niño que tenemos dentro, errante por el bosque de los sueños, abrazado a los árboles como un koala, que es el espíritu de los niños perdidos. …/…Ojalá no hayamos olvidado que la vida debiera ser un hermoso juego”.
    En numerosas ocasiones, no sólo los programas de la tele, también demasiadas actitudes y comentarios, me hacen recordar con tristeza las acertadas palabras que dejaba Carlos en la contraportada del disco, y pienso…, que terriblemente los adultos queremos que los niños dejen de serlo pronto y que mientras no pueden dejar de serlo nos imiten repelentemente.
    Pero debemos hacer lo contrario, tenemos que hacer lo contrario, dejar que los niños, que nuestros hijos, nos enseñen el camino de regreso y reencontrarnos con el niño escondido. Ese que “cuando crecemos y la vida nos hiere y llega la pena, sale fuera de nosotros y nos defiende del miedo y de la tristeza con su espada de madera.” Ese, si sabemos buscar, siempre está con nosotros.

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