Perfectamente fusilable

Artículo publicado en Viva Sevilla, el lunes 10 de marzo de 2014

Captura de pantalla 2014-03-10 a las 13.12.57“De mi pequeña experiencia personal, puedo decir que un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y los otros. Me consta por confidencias fidedignas que, aun antes de que comenzase la guerra civil, un grupo fascista de Madrid había tomado el acuerdo, perfectamente reglamentario, de proceder a mi asesinato como una de las medidas preventivas que había que adoptar contra el posible triunfo de la revolución social, sin perjuicio de que los revolucionarios, anarquistas y comunistas, considerasen por su parte que yo era perfectamente fusilable”.

Este texto revelador pertenece al prólogo, del libro “A sangre y fuego” de Manuel Chaves Nogales, escrito por él mismo. Prólogo que es una definición exacta de esa tercera España de la que tanto me ha hablado mi queridísimo poeta Román Tejero, con la sensata lucidez de quien derrocha sabiduría nonagenaria, y a la que muchos españoles pertenecieron en aquella época y ahora mismo pertenecemos. Esa tercera España que es un limbo donde algunos nos refugiamos de esta España adicta a las etiquetas, e intolerante con los que practicamos el sano deporte del eclecticismo. El prólogo es el magnífico atrio (no me canso de leerlo) para unos relatos estremecedores que, robándole la frase a mi querido Javier Rubio, cualquiera de nosotros hemos podido escuchar en boca de nuestros abuelos. Relatos de una guerra absurda y sangrienta. Relatos que deberíamos leer una y otra vez para que entendiéramos que esto no puede volver a suceder. Leerlos sin la soberbia de nuestra ignorancia. El libro se publica en la primavera del 1937. Aún no se sabe cómo van a transcurrir los hechos y en qué se va a convertir España. Eso le da mucho más valor a lo que se cuenta. No importan los colores de los personajes, los dramas son los mismos. Ahora que estamos acostumbrándonos a que la historia se nos cuente sesgada (depende del bando y de la Comunidad Autónoma desde la que se haga) como poco, además de un placer literario, es un ejercicio de higiene moral releer a Chaves Nogales y saber que las cosas no son blancas ni negras. Son como somos nosotros. Grises y poliédricos.

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