Macarena

Artículo publicado el 19 de mayo de 2014 en el Viva Sevilla

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Hace muchísimos años (demasiados) paseando por la neoyorkina Chinatown, vi algo que sólo muchos años más tarde pude comprender la dimensión que tenía. En una de esas tiendecitas donde los turistas comprábamos los “relojes Rolex” a precio de hamburguesas, concretamente en el lateral de una caja registradora, pude ver una estampa de la Virgen de la Esperanza Macarena. Una estampa pequeñita, desgastada, en blanco y negro pegada sin mucho esmero pero con verdadera testarudez, y que sonreía desde el fondo de aquel local, con esa enigmática sonrisa giocondiana (¿Verdad, hermana?), de la asimétrica perfección.

La señora que me cobraba no estaba por la labor de explicarme qué hacía allí aquella estampa, ni yo tampoco quise insistir mucho. Para qué… Estaba donde tenía que estar. Tan lejos de mi casa y tan cerca de mi alma. Las cosas macarenas… Ya sabe usted.

No eran tiempos (Gracias a Dios) de fotos con el móvil ni de redes sociales, y siempre he lamentado no tener un documento gráfico que probara esta anécdota. Pero la verdad es que tampoco me ha hecho falta. Cuando hablamos entre macarenos sabemos que todo es posible, y nuestra capacidad de asombro va más allá de lo esperado. La Esperanza está en todas partes, como decía Richard Díaz Fonseca en su maravilloso pregón esta primavera, desde las exiguas carteras hasta las cabeceras de los hospitales. ¿Dónde mejor?

Y esta noche inundará el teatro Lope de Vega, de la mano del buen hacer de Joaquín Caro Romero, hablando de uno de los pilares de su vida. De la vida de todos, de los creen y de los que no creen (que son los que más la necesitan). Esta noche esa mujer que es madre aunque tenga aspecto de niña, va a rozarnos los labios en la voz del poeta que supo tatuarnos en la mente los mejores versos de terciopelo verde. Esta noche muchos corazones quedarán suspendidos en el instante que se cobija en ese entrecejo que es un pellizco de Dios (¿Verdad, Carre?). Hoy la puerta del teatro se pintará de albero valiente, y se convertirá en el Arco que abre camino a la Gloria. Hoy todos nos cobijaremos en el manto más lujoso que tiene la Macarena, el de sus manos.

No es Semana Santa, no es Cuaresma, no es 18 de diciembre, pero qué más da… siempre es el día de la Esperanza.

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