Benavente

Artículo publicado el 14 de julio de 2014 en Viva Sevilla

Captura de pantalla 2014-07-14 a las 11.46.32Cuentan que Jacinto Benavente asistía con frecuencia a una tertulia llamada “El Gato Negro”. Un día acudió un poeta de malos versos y a la vez, como suele pasar en estos casos, muy engreído. Venía el fabricante de ripios con una mejilla inflamada y un dolor de muelas terrible. Para justificar su mal aspecto, se dirigió al grupo y dijo socarronamente: “pues yo creía que los dolores de muelas sólo los padecían los imbéciles”. A lo que Benavente contestó lacónicamente: “¿Y qué razones tiene usted para pensar lo contrario?”.

Sólo el ingenio agudo y suspicaz produce estas respuestas como bellísimos dardos envenenados. Dardos de palabras diríamos, parafraseando al académico Fernando Lázaro Carreter, que además fue su biógrafo.  Palabras impregnadas de inteligencia.

La historia de la literatura, de la buena literatura (que la mala no lo es siquiera), está llena de anécdotas así. De batallas dialécticas donde, al igual que en las batallas cuerpo a cuerpo, siempre vence el arma más poderosa. En este caso el ingenio.

Reconozco que siempre me ha encantado esta anécdota. Bueno, todas las anécdotas que se cuentan del dramaturgo. En todas se pone de manifiesto una inteligencia brillante y un sentido del humor afilado.

Se cumplen hoy sesenta años de su muerte. Jacinto Benavente fue un personaje con luces y sombras, como todos los personajes apasionantes. Al que el éxito profesional y la fortuna le sonrieron, trayéndole incluso el merecido premio Nobel en 1922. Después de la guerra, su homosexualidad y su apoyo a la Asociación de Amigos de la Unión Soviética apagaron las luces de su buena estrella, llevándolo a un ridículo olvido forzado del que logró escapar con mejor o peor fortuna. Lo dejo a su elección. Pero hoy en día vuelve a brillar como nunca debería haber dejado de hacer. Aunque sus obras, al igual que las de los hermanos Quintero y otros, iban dirigidas a una sociedad que ya no existe, y en poquísimas ocasiones se representan, el reconocimiento está presente.

De nuevo la pluma gana a la espada, el ingenio a la prepotencia. No siempre es así en lo cotidiano, pero inspira mucha esperanza saber que en ocasiones ocurre.

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