Para niñas

Artículo publicado en Viva Sevilla, lunes 15 de septiembre de 2014

Pues fíjense ustedes que yo creía que esto ya lo teníamos superado.
Sí, ya saben, aquello que cantaban los Bravos allá por los años sesenta. “Las cosas han cambiado, yo soy feliz, los chicos con las chicas pueden vivir…” ¿Lo recuerdan?
Hace unos días en la mesa de novedades de una librería me topé con un libro infantil titulado “Cocina fácil para niñas”. Pensé que había leído mal. Pero no, entre unas preciosas ilustraciones de niñas vestidas de cocineras, se leía bien claro PARA NIÑAS. No sé qué me chirriaba más, si la distinción de género o eso de cocina fácil para…
Pero no se equivoquen, nimageo me molestó por mi condición de mujer. Nada de eso. Me molestó, y mucho, en mi condición de ser humano. Este libro me parece una falta de respeto a los niños mucho más que a las niñas. Sí, ha leído bien. A esos niños que tienen inquietudes por actividades que durante años se han mal vinculado al género femenino. Niños a los que se les mira mal y se les acusa de “marujos”como poco. Una falta de respeto a esos hombres que sin complejos hacen labores “impropias” de su género creando una sutil pero afianzada muralla contra la discriminación. Esos hombres construyen más fortaleza contra el machismo que muchas de nosotras. No nos equivoquemos. No caigamos en la exclusividad víctimista de la intolerancia. Aquí la desigualdad es una calle de doble sentido. Y sí nuestros niños no se sienten con libertad de desarrollar su creatividad en cualquier campo, toda la lucha será en vano.

He tenido la gran suerte de estar rodeada siempre de mujeres inteligentes y muy independientes. Mi abuela, mis profesoras, mi madre, mis hermanas, e incluso las nuevas generaciones que han llegado detrás de mí. Pero también de hombres que nunca vieron diferencia alguna en las oportunidades que merecíamos las mujeres. Sí, lo sé. Lo mío es una excepción y quizás por ese motivo he visto la lucha por la igualdad entre la mujer y el hombre desde un puesto de vista lejos del rencor. No tengo cicatrices machistas en mi alma y desde luego, no las tengo en el cuerpo. Pero sí tengo miedo a que la balanza se desequilibre porque estemos caminando por el atajo equivocado, cuando la clave está en tres palabras que no tienen género. Igualdad, respeto y amor.

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