El comercio

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Artículo publicado en Andalucía Información

Una de las cosas que siempre me han impuesto más respeto es el comercio. Puede que sea porque soy hija de comerciantes, y que los años me han demostrado que en esta vida todo es un derivado del comercio. Y entiéndanme que lo digo con todo el cariño. Que de unos años para acá, a todo lo que le hemos puesto la palabra comercio, ha cogido un odioso barniz hipócrita de mercantilismo y usura. Y miren ustedes, pues no. No es así. Nada más honrado ni más bello que el buen tendero detrás de un mostrador. Porque todo es un mostrador. ¿O no? Desde donde compra usted el pan, hasta la mesa del notario donde deja constancia de sus últimas voluntades. Todo es comercio. Yo te doy mi amor, a cambio del tuyo, o si quieres desinteresadamente, que es un camino más largo para que me amen al fin y al cabo. La vida es un cascada de trueques tangibles o no tangibles, pero siempre hay un intercambio. La propia naturaleza es un comercio. La lluvia riega el árbol, que a cambio da su fruto, que a su vez provoca que la rueda de la vida siga girando.

Y todo esto viene porque he salido entusiasmada del mercado de abasto de Pino Montano, donde recalo algunas veces de la mano de mi amiga Carmen. Es un mercado pequeño, de barrio, bullicioso y alegre. Pero mi entusiasmo no viene por ello, viene por lo que me he encontrado en una pescadería. Una pescadera, guapa y limpia, de mi edad más o menos, cuando me ha despachado un lomo de salmón (que va a ser historia en nada) me ha comentado algo genial. La pescadería tiene una página en la red social de Facebook, donde cada mañana cuelgan la foto del género que en ese día tienen a la venta. Lo hacen muy temprano, con un teléfono en el que toman pedidos para recoger más tarde. Usted abre desde su trabajo la página de Facebook, mira a los ojos lánguidos de una lubina, y llama para decir que se la guarden para luego. Así cuando usted llegue no tiene que conformarse con lo que quede en la cuartelá, que es lo que suele pasarnos a los que trabajamos. Una fusión entre el comercio tradicional, la conciliación con el trabajo y las redes sociales. Maravilloso. ¿A que sí?

Decía Benjamín Franklin que ninguna nación fue arruinada jamás por el comercio. En los ojos de mi pescadera lo he visto más claro que nunca.

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