El feeling de Carrasquilla

Artículo publicado el 24 de septiembre de 2015 en Andalucía Información.

 

Carrasquilla
Carrasquilla

Por suerte una tiene todavía el alma con capacidad de estremecerse, y el pasado viernes la voz profunda y sensual de Carrasquilla me trasladó veinte años atrás, cuando aún se fumaba en los locales sin medidas de seguridad de Chicago donde se escuchaba el mejor Jazz.

Les cuento: Carrasquilla es un artista en todo el sentido ecléctico y amplio de la palabra. Acompañado de la guitarra sabia de Álvaro Gil que se adapta a su voz como un bello guante de seda, éste desmenuza sentimientos como desgarradas caricias furtivas. Y es que se es artista cuando uno nace artista. No se equivoquen. Descendiente de un genio como Juan Manuel Rodríguez Ojeda, y con la mirada acostumbrada al brillo del oro de las agujas de los exquisitos bordados que pasean por esta ciudad, ha sabido impregnarse sin absurdos complejos de todo lo que le aportara un haz de luz de genialidad. El mundo es de los valientes.

Estudió, trabajó, pero la música le llamaba y se curtió durante cinco años en el Rejoneo y Lo Nuestro de la calle Betis, pero él sabía que el mundo no terminaba en la orilla del flamenco y que tenía que seguir buscando. Viajó y se enamoró del Jazz, del Soul, del Movimiento Feeling de Cuba de los años 50, del Latin Jazz, del Bolero auténtico (no de ese fast food que cantan otros). Experimentó sin miedo y decidido a encontrar su sello propio, no cerró la puerta a nada. Porque así se forjan los verdaderos artistas. No en la cadena de montaje de clónicos de televisión. Siendo valiente, sacando de cada nota que escucha, lo máximo para aprender. Desde Ella Fitzgerald hasta Rocío Jurado, desde Morente hasta Janis Joplin, desde Soleá dame la mano hasta su idolatrada Amy Winehouse.

No busquen a Carrasquilla en grandes conciertos. Su música no es para auditorios impersonales. Búsquenlo en la intimidad acústica de los locales pequeños, donde les atrapará irremediablemente. Quiere mirar a los ojos a su público y en esa humildad que sólo tienen los grandes, dice que necesita estimularse como artista y aprender cada día. Porque Carrasquilla canta para estremecer con la música, para demostrar que como decía Nietzsche, la vida sin música es un error.

Este viernes estará en La Carmela y el 2 de octubre en La Tregua.

Yo también.

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