Ébola

Artículo publicado el 8 de octubre de 2015 en Andalucía Información

Captura de pantalla 2015-10-08 a las 23.01.36Posiblemente cuando usted haya leído el título de esta columna habrá pensado que a qué viene esto ahora. El ébola ya no encabeza los titulares de portada de los diarios, ni abre los informativos. Ya no compramos el desinfectante para manos con la ansiedad de que es un producto de primerísima necesidad, ni discutimos sobre si fue una temeridad traer al pobre misionero a España o sobre si la enfermera contagiada sabía o no sabía quitarse los guantes.

  Sencillamente, ya se ha pasado la moda del ébola. Sí, suena terriblemente frívolo y cruel, pero así somos. O peor, así nos obligan a ser. Bailamos cual Tony Manero en la pista iluminada por los colores de esta sociedad borrega. Que toca aterrorizar con el ébola, pues nada, se nos pone un poco nerviosos con el elixir de la mala información. Un poco de morbo por aquí, otro poco de xenofobia por allá, y politicemos el asunto para terminar. De este modo tendremos un pueblo cabreado y fácilmente manejable.

¿Recuerdan aquellos años 80, cuando no sabíamos nada del Sida, o un poco más lejos, recuerdan aquel bichito tan tan pequeño, que si se caía se mataba del caso del aceite de colza? Y tantos y tantos casos… Iban y venían, como los pantalones de campana o las hombreras.

  Tenemos un miedo de pasarela Cibeles, siempre desfilando al son de las últimas tendencias. Y una memoria enfermiza y raquítica, que no es capaz de retener las mentiras que nos cuentan, para compararlas con las que nos contaron hace unos meses. El espacio para la empatía en el cerebro humano, debe ser minúsculo.

Pero las víctimas no. A ellas se les graba a fuego el dolor de una tragedia así. Y lo malo es que en muchos casos no tienen el consuelo del reconocimiento y el desagravio de la indemnización. Porque el estado en muchas ocasiones los entierra en el olvido bajo la capa de la invisibilidad. Como Harry Potter.

Les cuento todo esto, porque ahora hace un año del caso del ébola. Acabo de leerlo en la prensa. En un pequeñísimo rincón, sin mucha importancia. Igual que miramos la ropa fuera de temporada en los escaparates de las rebajas. Y les confieso que me he sentido culpable al pensar que era una noticia antigua.

Decía Benjamín Franklin “Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”.
Pues eso.

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