La calle de Pepe

Artículo publicado el jueves 14 de abril, jueves de Feria, en Andalucía Información

Captura de pantalla 2016-04-13 a las 11.36.05Ay Pepe, ¿una calle? Tú te mereces medio Monopoly con las 20.000 de la casilla de salida, por lo menos. Y estoy segura de que te recorrerías cada una de ellas explicando a todos lo necesario que es donar nuestros órganos.

Tuve la fortuna, gran fortuna, de conocer al doctor Pérez Bernal, hace muchos años. Más de los que él sabe. Hacía servidora sus pinitos radiofónicos en la desaparecida emisora San Pablo de la calle Sierpes, y una tarde me senté a esperar en la pecera de control a que comenzara mi programa. Un compañero entrevistaba a un señor sobre las donaciones de órganos a propósito de la, tan acertada, carta de Amigo Vallejo “No te lleves al Cielo lo que necesitamos aquí”. Y había tanta pasión, tanta verdad, tanta bondad en las palabras de aquel médico, que al terminar, aprovechando los minutos de la publicidad, le abordé para preguntarle qué tenía que hacer para ser donante.

Después la vida cruzó nuestros caminos de las formas más variopintas hasta convertirnos en amigos. Desde pregonar juntos a nuestra querida hermandad de la Sed (donde me ganaste por goleada, no me canso de recordártelo cada vez que nos vemos), hasta como adversarios en las candidaturas del Ateneo. Esas candidaturas en las que una cae sin saber cómo y terminas entre risas dándote cuenta de que tienes más amigos que adversarios.

Pepe y su tenacidad, Pepe y sus cirios, Pepe y su incombustibles días de 30 horas, donde salva vida tras vida, sin contabilizarlas, sin apuntárselas en el carnet de baile que todos tenemos en el alma. Pepe demostrando que la bondad es la forma más natural de la inteligencia. Pepe y su eterna sonrisa que te abraza y ya no te suelta para el resto de tu vida.

Sabes que me alegra muchísimo saber que tu nombre señalará una calle, aunque ya te dije que era poco, amigo, muy poco. Y si pasan los años, y la gente no recuerde quién era aquel doctor Pérez Bernal (a qué si no todo lo que se publica para explicar quién era quién en el callejero de Sevilla), te aseguro que en cada generación, en cada pequeño trozo de nosotros que viva en el cuerpo de otro, estarás tú, Pepe. Siempre, con tu bata blanca y tu bondad como armas para vencer a la muerte. Y eso no hay Catastro ni mala memoria histórica que lo borre. Bendito seas.

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