Sillas vacías

Artículo publicado el 22 de diciembre de 2016 en Andalucía Información (Viva Sevilla)

(Para Libia, por darme una gran lección de fuerza)

2013-09-12 07.35.49Aunque las ausencias no tienen nada que ver con las hojas del almanaque, no podemos negar que en estas fiestas tan familiares algunas de estas ausencias escuezan más que nunca. El discurrir de los años es como una estación de tren con las pantallas de salidas y llegadas siempre en movimiento. Despedimos y recibimos a las personas que van configurando el paisaje de nuestra vida asumiendo que es irremediable, y endureciendo nuestro corazón con la absurda idea de que dolerá menos. Y a veces es así…, no le digo que no.

Y en estas fechas, en las que (a pesar de que muchos se empeñen en obviarlo) celebramos el nacimiento de Jesús rodeados de las personas que queremos, es cuando más duelen esas sillas vacías. Sin embargo no debemos caer en la tristeza vana e inútil de la nostalgia. Estoy convencida de que cada una de las personas que ocupaban esa silla, vacía ahora, desea profundamente que celebremos felices la gran suerte que tuvimos de tenerlas en nuestras vidas. Recuerdo sí, tristeza nunca. Dice Sabina en una canción que no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió. Y a nosotros sí nos sucedió. Nosotros sí tuvimos esas sillas ocupadas por personas maravillosas que llenaron nuestras vidas de amor. Y eso es motivo de celebración, de felicidad, y en el caso de los que somos creyentes, de esperanza por reunirnos de nuevo con ellos. No caigamos en la tentación egocéntrica de monopolizar el dolor de la ausencia para enturbiar la sonrisa de los nuestros. Seamos valientes y sobre todo útiles y ocupemos esas sillas con la presencia de aquellos que más lo necesitan. Y no hablo de poner un pobre en su mesa. Hablo de los que necesitan de nuestra atención, y no están más lejos de unos metros de nosotros. Aquellos a los que a veces tenemos olvidados, o relegados a un momento en el que nos venga bien ir a verlos. Ocupemos las sillas con la alegría de su presencia.

Leí una vez a Enrique Múgica que la añoranza es el camino previo a convertirse en estatua de sal. Por eso, repito, recuerdo sí, pero sin tristeza, con la dulzura de saberse privilegiados por haberlos tenido en nuestra vida. No seamos como la mujer de Lot, sigamos caminando con la fuerza de nuestros recuerdos.

Feliz Navidad a todos.

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